La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Anuario de Movimientos Sociales 2003
Betiko Fundazioa-Icaria,
Barcelona,
246 págs.
Antonio Madrid
El 2003 fue un año de movilizaciones masivas. Este anuario reúne tres tipos de aportaciones. En primer lugar artículos generales sobre la política y la movilización, el papel de los sindicatos, el feminismo, el pacifismo y el movimiento «antiglobalización». Le siguen artículos que se centran en distintos movimientos sociales: feminista, obrero, vecinal, ecologista, solidaridad internacional, pacifista y antimilitarista, vecinal y ecologista. Finaliza el libro con el relato de experiencias concretas: Nunca Máis, Itoiz, el barrio Fuentes de Zaragoza, el movimiento por la paz en Bagdad, la Plataforma para la defensa del patrimonio natural del Priorat y las radios sociales en barrios y ciudades como instrumento democratizador.
10 /
2004