La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
La puerta de Lenin - Tengo veinte años
El que avisa, no es traidor
Josep Torrell
La Filmoteca de la Generalitat anuncia para septiembre la proyección de La puerta de Lenin – Tengo veinte años (Застава Ильича / Мне двадцать лет, 1962) de Marlen Khutsiev. El primer pase será el 13 de septiembre a las 18’30 horas, y el segundo el 17 de noviembre a las 19 horas.
En 1962, habría sido la película estrella del nuevo cine ruso; pero no lo fue: la prohibieron. Salió totalmente cortada en 1965 con el título de Tengo veinte años. En 1988 se restituyó la copia original.
La película narra las correrías por un barrio de la periferia de Moscú (la Puerta de Lenin) de un grupo de jóvenes que han salido del servicio militar y que a la pregunta de ¿qué hacer? (Lenin), se plantean también ¿cómo vivir? (Chejov).
Marlen Khutsiev es uno de los grandes realizadores rusos; y esta película es una de sus obras más logradas. Dura tres horas, pero merece la pena verla. Pueden hacerme caso o no. En cualquier caso, yo les he avisado.
8 /
2017