La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Pensamiento pacifista
Icària,
Barcelona,
156 págs.
Antonio Madrid
Una introducción al pensamiento pacifista en tiempos de auge militarista, esto es lo que ofrece este libro. Reúne ocho artículos sobre otros tantos pensadores: Henry D. Thoreau (Carme Romia), León Tolstói (José Luis Gordillo), Albert Einstein (Francisco Fernández Buey), Virginia Woolf (Elena Grau), Hannah Arendt (Verena Stolcke), Martin Luther King (Joan Gomis) y E. P. Thompson (Jaime Pastor). Se habla de sus principales ideas, de las prácticas que inspiraron y de los problemas a los que trataban de responder. Por sus características, es un buen instrumento para que tanto los mayores como los más jóvenes se familiaricen con elementos fundamentales de la historia del pensamiento pacifista.
7 /
2004