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O espectro segue a rolda. Actualidade do "Manifesto comunista"

Edicións Laiovento,

Santiago de Compostela,

114 págs.

María Rosa Borrás

Breve exposición de las tesis sobre teoría crítica de la sociedad del autor de ¿Quién dijo totalitarismos? Cinco intervenciones sobre el (mal)uso de una noción y muchas otras obras. Insiste aquí también en la necesidad de repolitizar la economía y presenta sus reflexiones con el vigor argumentativo que le caracteriza. Este filósofo esloveno sabe de lo que habla cuando describe situaciones y movimientos sociales propios de los países del Este. Defiende una postura crítica radical frente al poder destructivo del capitalismo y a las actitudes de cinismo que refuerzan el consumismo, la pasividad y el apoliticismo.

Los asuntos que trata en este libro creo que son centrales para el movimiento altermundialista. Desde las reflexiones acerca de la disidencia en los países hoy ex socialistas hasta la caracterización del multiculturalismo (análisis del «demasiado» y del «no suficiente» de éste, entre los cuales no existe el término medio), desarrolla un discurso en el que destaca su aguda percepción sobre el problema de fondo: no hay alternativa en el interior de la democracia liberal ni tampoco en ninguna de las formas de vuelta atrás. De algún modo, el movimiento altermundialista tendrá que enfrentarse a muchas de las cuestiones que Zizek plantea y principalmente a la cuestión de las tradiciones teóricas y prácticas capaces de orientar un verdadero cambio de modelo de sociedad que no reproduzca simplemente el pasado ni perpetúe el presente.

7 /

2004

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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