La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Una comedia siciliana
Gallo Nero,
Madrid,
197 págs.
Sciascia antes de Sciascia
J.R.C.
Este es y no es un libro de Sciascia. Reúne escritos elaborados por él en su camino a convertirse en escritor. Se trata de textos por demás interesantes, sí, aunque su autor está todavía lejos de haber encontrado su propia voz, que sólo se prefigura fragmentaria e intermitentemente. Para los enamorados de este autor, resultan apasionantes hasta sus indecisiones, su búsqueda de temas, de la concreción de su estilo, de su punto de vista personal y único. Sciascia excluyó estos escritos de su El mar del color del vino, donde ya se manifestaba en todo su esplendor literario. Cuando un autor es grande, puede quizá disculparse que se publiquen textos de su mano que él no quiso publicar pero tampoco destruir.
Que se trate de textos primerizos de un gran escritor no significa que sean triviales. El libro, además, contiene algunas perlas que prefiguran directamente al escritor maduro, como «La licenciatura» o el breve cuento titulado «Llegan los nuestros», impagable.
26 /
1 /
2017