La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Entre las cuerdas. Cuadernos de un aprendiz de boxeador
Alianza Editorial,
Madrid,
256 págs.
Antonio Madrid
Este libro es lo que se indica en su subtítulo: la narración hecha por un sociólogo que dedicó tres años a convertirse en boxeador. El texto está lleno de descripciones y reflexiones interesantes. Wacquant aparece como persona que aprende a boxear y explica cómo experimenta ese aprendizaje que es radicalmente distinto al que suele interiorizar un profesor universitario como él. Se describe y explica la vida en un gimnasio situado en un barrio marginal de Chicago y la cultura pugilística que se genera. Su relato está a caballo entre la sociología y la antropología, siendo interesante para un público amplio por su riqueza de matices. Como se recordará, Wacquant ofreció no hace mucho otro buen texto: Las cárceles de la miseria. Buena lectura.
4 /
2004