La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Joan March y los negocios de la guerra
Joan March, los negocios de la guerra es el primer documental que se realiza sobre este personaje misterioso y secreto conocido popularmente como «el banquero de Franco».
El acceso a nuevos documentos desclasificados de los archivos de Londres, Berlín, Washington y Madrid ha permitido probar que el mallorquín Joan March Ordinas (Santa Margalida, Mallorca, 1880-Madrid, 1962) llegó a ser uno de los hombres más ricos y poderosos del mundo (The New Yorker decía que era la séptima fortuna del mundo) gracias a sus actividades legales e ilegales: contrabandista, traficante de armas, espía, aventurero, empresario de prensa, industrial, especulador, terrateniente, financiero, diputado y mecenas.
Si sobre los apellidos de los Carnegie, Rockefeller y Vanderbilt se han escrito muchas biografías y se han hecho un buen número de documentales, éste no es el caso del financiero mallorquín. Y, en cambio, era tan astuto, inteligente, denodado, emprendedor, multimillonario y poco escrupuloso como ellos. March tenía un único objetivo: ganar dinero. El «cómo» era absolutamente indiferente y las guerras del siglo XX fueron una buena fuente de ingresos.
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5 /
2014