La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Un reportero en la montaña mágica
Ariel,
Barcelona,
224 págs.
A. R. A.
Andy Robinson es de los pocos periodístas económicos que aúnan rigor, conocimiento y crítica. Sus crónicas en Cinco Días primero y actualmente en La Vanguardia (eso sí, demasiado esporádicas) son una de las mejores fuentes para conocer los estragos del “neoliberalismo real”. Ahora nos regala una interesante obra en la que explica Davos desde dentro, mostrando el carácter jerárquico del evento, las redes internacionales de poder, la relación estrecha entre los grandes gurús mediáticos y lás élites económicas. Explica muy bien cómo se construyen, con fórmulas variadas, las ideologías que legitiman su poder, y detalla con sencillez y precisión muchas de las fórmulas que han permitido acrecentar a los muy ricos y dejar sin esperanzas a millones de personas. Un trabajo impagable para que mucha gente tenga una información de primera mano sobre cómo funciona de verdad la cúpula del poder. Al final del libro se ofrece un índice onomástico de “figuras” que por sí solo es un compendio de la cara del poder y que permite localizar fácilmente en el libro el papel que desempeñan en esta historia personajes tan variopintos como José Luis Cebrián, José Bono, José Luis Rodríguez Zapatero o la familia Botín. Totalmente recomendable.
28 /
1 /
2014