La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Centro histórico
No hay que perdérsela: Víctor Erice ofrece otra pequeña joya
Albert Recio
En muchos lugares va a ser difícil poder verla. Es posible que cuando esta nota salga publicada ya no esté disponible en ninguno. Pero vale la pena intentarlo. Se trata de una película de encargo (para mayor honra de la capitalidad cultural europea otorgada a la ciudad portuguesa de Guimaraes) aquí titulada Centro histórico, con cuatro episodios irregulares (aunque todos ellos honestos) de cuatro cineastas: el finlandés Kaurismäki (que ofrece una de sus historietas casi mudas —algo que recuerda a Buster Keaton—, pero que creo que expresa metafóricamente el hundimiento del comercio y las tabernas tradicionales que han conformado la vida social de nuestras ciudades), los portugueses Costa y De Oliveira, y la aportación de Víctor Erice, a mi entender de visionado obligatorio.
Se trata de un ejercicio sencillo: entrevistar a obreros y obreras de una gran fábrica textil ya cerrada acerca de lo que fueron su vida en ella, sus aspiraciones, sus frustraciones. Las entrevistas tienen lugar en el antiguo comedor de la fábrica, delante de una gran foto que se tomó en el pasado; al final se pedirá a los entrevistados que reflexionen sobre lo que ven en ella. En veinte minutos (esta fue mi sensación; no he controlado la duración), todo lo que se dice explica más sobre la condición obrera que muchos tratados de sociología vulgar. Es un ejercicio enormemente bello e inteligente que nos permite pensar en la historia que fue, y en la propia complejidad de las aspiraciones de una clase social a menudo reducida a visiones demasiado estereotipadas.
El filme tendrá sin duda una difícil carrera comercial. Vale la pena desarrollar una acción cultural orientada a garantizar su visionado y a usarla como un buen motivo de debate y reflexión.
30 /
12 /
2013