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Universidad S.A.

Este documental pretende mostrar los procesos y las consecuencias que resultan de la mercantilización de la Universidad y de su contexto político, económico y social.

Para ello, contactamos y entrevistamos a personas vinculadas a la universidad de diferentes maneras y con distintos perfiles, desde una ex-alumna hasta un ex-rector; con tal de intentar ofrecer una visión amplia y diversa de lo que acontece la educación superior. Nuestro cedazo, en materia de selección de los entrevistados, fueron los ejes temáticos que veíamos importante tratar así como la voluntad de colaboración con este proyecto; pues, cabe decir, que no pocos desatendieron nuestra invitación.

Con todo, parece ser, que de una manera u otra la mayoría de los puntos de vista mostrados en el documental convergen hacia un mismo punto: la Universidad, la niña bonita de nuestras instituciones, se ha dejado corromper. Y lo ha hecho de distintas maneras: sometiéndose a los dictados de la mercantilización, dejándose llevar por la fiebre inmobiliaria, banalizando los títulos, aceptando la privatización —literalmente— de los resultados de las investigaciones (y por ende; elitizando y privatizando el conocimiento producido con dinero público), deshumanizando las aulas y a lo que ellas contengan, etc. Todo, por tal de satisfacer a nuestras nuevas deidades: los mercados, las empresas y las corporaciones que en ellos actúan.

Así, el documental transita desde los espacios macroeconómicos de decisión que marcan la pauta y el hacer de los gobiernos a la traducción directa de la aplicación de estas medidas, previo señalamiento de los responsables políticos, explicitando las consecuencias sociales y personales que tienen estas dinámicas.

Más información en: www.universidadsa.com

30 /

10 /

2013

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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