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Adam Curtis

La trampa

BBC,

Reino Unido,

2007,

Este documental de casi tres horas fue realizado el año 2007 para la BBC por Adam Curtis y aborda temas cruciales del siglo XX que nos ayudan a comprender el origen de los problemas actuales. Es casi profético y se anticipa en un año al estallido de la crisis financiera que puso en jaque el modelo hegemónico de la libertad individual. Este modelo ha sido el sueño de nuestra época pero cayó en la trampa de las ideas que hay tras la libre elección y el libre mercado. Para hacer posible esa idea de libertad, los políticos prometieron erradicar la burocracia y crear un sistema basado en la gestión social, impulsada por objetivos y números. Sin embargo, todos los regímenes que se comprometieron con la idea de la libre elección y el libre mercado han sufrido un brutal aumento de la desigualdad y un colapso dramático en la movilidad social.

Este documental aborda las crisis que ha provocado el exceso de «liberalismo» de los años ochenta y noventa, que patrocinaron la desregulación financiera, las privatizaciones y la reducción del aparato público. Lejos de ser el resultado esperado, todas las medidas propuestas por el neoconservadurismo y el neoliberalismo potenciaron la desigualdad y la brecha social a niveles críticos.

Este documental se titula La trampa, y consiste en tres películas que explican los orígenes de nuestra idea actual y estrecha de libertad. Se muestra cómo un modelo simplista de los seres humanos como el egoísmo, condujo a la idea actual de libertad, que en el fondo tiene a la humanidad prisionera de la hegemonía financiera. Este modelo se deriva de las ideas y técnicas desarrolladas por los estrategas nucleares durante la Guerra Fría para controlar el comportamiento del enemigo soviético.

27 /

10 /

2013

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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