La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
El espíritu del 45
Reino Unido,
Retirado recientemente de la cartelera de los cines españoles, en la que ha permanecido pocas semanas, ya es posible visionar —o repasar— en DVD este documental del director británico Ken Loach. El espíritu del 45, muy oportuno en estos tiempos marcados por el acelerado desmantelamiento del estado del bienestar en toda Europa, es un análisis del espíritu que tras la Segunda Guerra Mundial condujo en Gran Bretaña a la creación de un sistema de cobertura sanitaria universal y a la nacionalización de diversas industrias y servicios clave, en un proceso impulsado por el gobierno laborista entre 1946 y 1951. Como se explica en el filme —que incluye numerosas imágenes de archivo de gran interés—, la intención prioritaria del gobierno fue efectuar la transición de una economía orientada básicamente a la producción bélica a otra de carácter civil sin reproducir los parámetros económicos liberales que habían llevado a la Depresión de los años treinta y tratando de garantizar la sanidad y la educación a todas las capas de la población.
Aunque no faltan voces críticas con ciertos aspectos elitistas que subsistieron en los comienzos del estado del bienestar británico, El espíritu del 45 permite apreciar las profundas diferencias de concepción política entre esa época y la que dio comienzo con el ascenso de Margaret Thatcher al poder y ha llegado hasta nuestros días.
30 /
10 /
2013