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Sobre la historia natural de la destrucción

Anagrama,

Barcelona,

Juan-Ramón Capella

Sebald no ofrece aquí literatura, sino ensayo. Su objeto es el siguiente: durante la segunda guerra mundial Alemania sufrió bombardeos de saturación sobre 131 ciudades que mataron a más de seiscientos mil civiles y dejaron sin techo a siete millones y medio de personas. Pero sobre estos horrores sin cuento cayó un manto de silencio: ni los afectados hablaron a sus hijos de aquella dolorosa experiencia ni hay huellas significativas de esa catástrofe nacional en la literatura o las artes alemanas. Con un punto de vista que busca fundamentalmente la veracidad, Sebald analiza esta tragedia y explora los intersticios de la consciencia colectiva y su capacidad de autoamnesia.

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2004

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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