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Fuertebrazo

Maldades aforismáticas 'cum ira et sine studio'

 

– Abuelo, cuéntame cómo era la sociedad española de 2011.

– Pues mira, hijo: era un tiempo en el que los cocineros eran “moleculares”; los economistas, “creativos”; los intelectuales, “tertulianos”; los banqueros, “subvencionados”; los trabajadores, “parados”… y un tal Duran i Lleida era el político más valorado en España. 

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Es verdad que Rosa Aguilar dejó de ser marxista: entró en un club que aceptaba como socia a alguien como ella.

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¿Sabéis por qué el gobierno de Artur Mas ha recortado el presupuesto de los hospitales para comprar pañales y toallitas? Para que los bebés no puedan limpiarse el culo después de haberse cagado en el conseller Boi Ruiz.

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Ver a Felipe González y Alfonso Guerra animando al electorado del PSOE para que fuera a votar fue como asistir a una peli de miedo en la que unas momias intentaban resucitar a unos zombis.

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El astrólogo-economista Santiago Niño Becerra ha sido encumbrado como uno de los mejores analistas de la actual crisis económica. Es lógico: tiene la clarividencia del economista y la rigurosidad científica del adivino.

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Escuchar a Pepiño Blanco es como leer un manual de autoayuda: te sirve para superar los complejos de inferioridad.

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Cuentan que San Pedro no permitirá la entrada de Esperanza Aguirre en el Paraíso: no quiere que su contrato laboral pase de eterno a mortal en un santiamén.

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“59 segundos” es el mejor programa político de la historia: es el único que le quita la palabra a un tertuliano antes de llegar al minuto.

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Si os veis obligados a hablar con un militante de Convergència i Unió, no os olvidéis de pedirle un ticket: es la única manera para que os devuelva el tiempo perdido.

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En marzo, los peperos valencianos tiemblan: llega la hora legal.

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El auténtico drama que vivirá el PSOE en su próximo congreso es la imposibilidad de “renovarse”: abandonado el marxismo, fracasada la Tercera Vía y desautorizado el socioliberalismo zapaterista, ya no hay por donde rascar. Sólo le queda hacer política de izquierdas. Lo dicho: es un drama.

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Mario Monti, estadista: se è vero, non è ben trovato.

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No seáis injustos con Núñez y Navarro: ambos delinquieron por igual.

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30 /

11 /

2011

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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