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Saramago

Una enorme tristeza por la muerte de esta gran persona, de este gran escritor. Tan enormemente atento a los cambios culturales de nuestro tiempo. Le recordaremos siempre. Es autor de libros bellísimos: Caín, El evangelio según Jesucristo. De obras que dan en el centro de los problemas de nuestro tiempo: La caverna (o el consumismo, dicho reductivamente), Ensayo sobre la lucidez (o sobre la enajenación de la política). De libros originalísimos como Todos los nombres, Ensayo sobre la ceguera. Tantos libros. Un gran trabajador, nuestro amigo desaparecido. Nos queda su obra, a nosotros y a las generaciones que vendrán. Pero solamente podemos sentir tristeza.

7 /

2010

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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