La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
El hombre se ha comido la Tierra
Arte TV,
Francia,
Esta es la historia de dos siglos de progreso asombroso. Dos siglos de industria, invenciones, desarrollo económico, evolución de nuestros estilos de vida y nuestros modos de consumo.
Sin embargo, tras doscientos años de capitalismo industrial, nos damos cuenta de que el impacto del hombre en la naturaleza es irreversible. El hombre se ha convertido en una fuerza telúrica, y la Tierra ha entrado en un nuevo período geológico. Este período lleva un nombre: el Antropoceno, la «era del hombre». Detrás de la hermosa historia del progreso hay, de hecho, otra historia; una escrita por gente poderosa: líderes políticos más o menos inspirados, industriales, combustibles fósiles y productos químicos, lobbistas y financieros de todo tipo que, en dos siglos, han dado forma a nuestro modo de vida sin dejar de servir a sus propios intereses.
30 /
4 /
2019