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Inventario de la casa de campo

Trotta,

Madrid,

180 págs.

J.-R. Capella

Doy noticia de esta sencilla y atractiva obra del gran jurista Piero Calamandrei (1889-1956), que despliega narrativamente recuerdos de la infancia y la adolescencia del autor y de sus estancias en una casa de campo en la Toscana. Se trata de un libro que merece ser leído lentamente, al compás de unas páginas diarias, para disfrutar de su lírica siempre en tono menor, de su ironía. Como señala Perfecto Andrés en su excelente Prólogo —que da cumplida cuenta de la interesantísima personalidad del autor— la redacción de estas páginas en 1939 seguramente le sirvió de consuelo a Calamandrei en momentos muy trágicos para su patria y para el mundo. No está nada mal como lectura para este tiempo nuestro.

19 /

11 /

2012

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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