La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Perry Anderson. El laboratorio implacable de la historia
Universidad de Valencia y Editorial Universidad de Granada,,
Este libro examina la trayectoria de uno de los más prestigiosos pensadores e historiadores contemporáneos de la izquierda, director y colaborador durante muchos años de The New Left Review. Contiene además una reflexión rigurosa sobre la historia del marxismo occidental desde la posguerra hasta su crisis de la hora presente.
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2005