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Blanco sobre negro

Alfaguara,

Madrid,

Montse Sendra

Este es un libro de cuentos cortos que muestra la vida cotidiana de orfanatos, centros para minusválidos y asilos geriátricos de Rusia. Se trata de la experiencia personal del autor, que no es un profesional sino un paralítico cerebral, que estuvo encerrado allí y lo cuenta. La escritura —y el libro está muy bien escrito— es una experien y un modo de verse y contarse a sí mismo. El autor lleva el mismo apellido que Ignacio Gallego, el dirigente comunista: era su abuelo. Pero no le visitó nunca en los años de abandono. Nunca. Estos cuentos nos recuerdan que la renovación de las formas de hacer política empieza por algo tan impolítico como es la vida cotidiana.

11 /

2004

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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