La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Izquierda y republicanismo: el salto a la refundación
Akal,
Madrid,
Juan-Ramón Capella
Por fin nos hallamos ante un libro que puede ayudar a la autodefinición y sobre todo al reagrupamiento de la izquierda de este país. Fernández Steinko parte de un interesantísimo análisis sociológico de la población española y de lo que él llama sus regímenes de vida y de trabajo, realizado desde un excelente punto de vista.
El libro abarca mucha realidad, sobre todo en sus capítulos iniciales, que refrescan nuestra consciencia acerca de nuestra objetiva situación histórica. Pero los capítulos más interesantes son los finales, que desembocan en el denominado «Hoja de Ruta», donde esboza una vía de confluencia para las personas que, sean cuales sean sus procedencias, buscan una salida emancipatoria para dejar atrás este mundo pletórico de cosas inútiles, invivible e injusto.
El libro lleva un prólogo encomiástico de Julio Anguita. No es para menos. Fernández Steinko muestra un camino y apunta unos modos de hacer de los que estamos seriamente necesitados.
1 /
2010