La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Revista mientras tanto número 101
Invierno
2006
NOTAS EDITORIALES
El proyecto de ley de Memoria Histórica
Corrupción y delincuencia económica
Las razones del «terrorismo global»
por Danilo Zolo
Césares americanos y Catones islámicos
por Domenico Losurdo
Estados Unidos sabe matar, pero mata mejor con bombas de uranio
por Ernesto Carmona
Las otras violencias en el mundo, un reto para el movimiento por la paz
por Tica Font
Capitalismo globalizado en la República Popular China
por Ángel Zaragoza i Tafalla
El Vietnam hacia dentro
por Giaime Pala
Soberanía alimentaria: respuesta y alternativa campesina
por Ernest Cañada
Pena capital
por Karl Marx
DOCUMENTO
Discurso de Álvaro García Linera. Cómo desmontar los cuatro pilares del neoliberalismo y con qué sustituirlos
CITA