La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
José Ángel Lozoya Gómez
Asesinatos machistas y bous al carrer
Este verano ha habido casi el mismo número de mujeres asesinadas que de hombres muertos entre los cuernos de los toros. Tras lamentar la muerte de cada uno de los corneados —siempre hombres— en las fiestas de cualquier pueblo, me doy cuenta de que tras esta necesidad de no pocos de demostrar su valor [su “hombría”] poniéndose al alcance del toro se esconde la versión suicida del machismo; el mismo machismo que, en versión asesina, demuestran aquellos que acaban con la vida de sus mujeres y sus hijos e hijas.
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9 /
2015