La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Ferlosio
Non olet
Destino,
Barcelona,
Juan-Ramón Capella
Tras sus dos últimos volúmenes de ensayos El alma y la vergüenza y La hija de la guerra y la madre de la patria (ambos en Destino, 2000 y 2002), este Non olet de Ferlosio redondea la conversión en filósofo social, para mi gusto el más interesante de los peninsulares, de quien empezó como gran autor de ficción (recuérdese Alfanhui). Además de la magnificencia del castellano escrito de Ferlosio, en Non olet nos es ofrecida una reflexión en profundidad sobre las transformaciones económicas, por decirlo así, de nuestro tiempo contemporáneo. Non olet es una crítica de la producción por la producción. Contiene, entre otros lúcidos análisis, uno muy destacable sobre la industria de producción de consumidores. La virtud de Ferlosio consiste en sacar a la luz muchos de los supuestos del progresismo que no son sino inadvertido sometimiento a la ideología de la dominación. No debe faltar un ejemplar en el equipaje de las vacaciones.
30 /
6 /
2003