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Antonio Antón

La unidad del espacio del cambio

El pasado 6 de diciembre se ha publicado el barómetro mensual de diciembre de la acreditada agencia de investigación 40dB. El objeto de estudio demoscópico no puede ser más relevante: las características de los electorados, principalmente de las izquierdas, con la vista puesta en las elecciones generales de fin de 2023 y, en particular, los escenarios posibles de división o unidad de la izquierda del PSOE y su configuración interna, así como sus implicaciones para la gobernabilidad progresista en la próxima legislatura.

Utilizo los propios datos de la encuesta, así como sus microdatos, algunos de ellos con una elaboración propia. Tras algunas matizaciones metodológicas y conceptuales, explico los aspectos de mayor trascendencia política para afianzar una estrategia unitaria: el marco general para una solución pactada, las características de ambos escenarios del espacio del cambio, el unitario y el dividido; el perfil ideológico de las izquierdas y los principales problemas de la gente; la composición de los electorados progresistas y las transferencias de voto; las formas de la candidatura de la izquierda alternativa y el doble sentido de SUMAR como grupo político adicional o marco organizativo común de todo el frente amplio, y termino con varias conclusiones.

Una solución pactada para sumar

De entrada hay que felicitar la iniciativa y la calidad de la investigación de 40dB, que facilita una aproximación rigurosa a un tema lleno de controversias e intereses partidistas, y condicionado por valoraciones poco fundadas en la realidad y mucho en sesgos interpretativos derivados de expectativas unilaterales o deseos voluntaristas. Hace unas semanas, en el artículo “Sumar en la encrucijada”, expresé el diagnóstico y los retos del espacio del cambio, en particular la pugna por la primacía de su orientación política y su liderazgo colectivo con las diferencias entre Yolanda Díaz y la dirección de Podemos, así como sobre qué marco político-organizativo debe encauzar el proceso de cooperación y ensanchamiento en una agrupación político-electoral compartida. Y avanzaba la necesidad de un enfoque realista y unitario, basado precisamente en esos dos ejes, el principio de realidad y la actitud de cooperación, con una opción: una solución pactada.

Este estudio analiza los dos escenarios extremos, el de la unidad en una candidatura unitaria de la izquierda del PSOE (con 57 escaños) y en su división (32 escaños), 25 menos, así como las grandes diferencias de sus efectos políticos. Aunque SUMAR no ha oficializado su carácter —y su sigla— de plataforma político-electoral (y dejando al margen su voluntad de configurarse como movimiento ciudadano), la ciudadanía ya tiene una opinión formada de su papel político-institucional y está definida su intención de voto. Los resultados de la encuesta marcan un terreno más objetivo para analizar la representatividad de cada fuerza política, así como las condiciones razonables de cada parte para avanzar hacia ella y poder sortear las dificultades para avanzar en la unidad. Pero también explica la percepción de la ciudadanía ante las distintas posiciones y responsabilidades, cuya valoración es imprescindible para legitimar a los distintos actores y sus apuestas.

En particular, expresa las dos situaciones de SUMAR en ambos escenarios. En el dividido, SUMAR sería un grupo político adicional del espacio del cambio, con 23 escaños, es decir el 40% del total, aunque si descontamos los 7 de En Común Podem y 2 de Galicia en Común, que constituyen unas confluencias autónomas, podrían quedarse en 14. Además, Podemos tendría 7 escaños, Más País/Compromís 2 e Izquierda Unida 0.

La investigación no ofrece una distribución interna del conjunto de los 57 escaños que cada grupo político conseguiría en el escenario de unidad. Planteo una hipótesis desde una distribución proporcional pura estatal. Así, con la misma proporción de porcentajes que adjudica la encuesta yendo divididos, he hecho la trasposición en el caso de ir juntos, considerando que la unidad es cosa de todos. Los resultados en escaños (con un decimal) se exponen en el gráfico adjunto.

Fuente: 40dB, Barómetro de diciembre de 2022, con elaboración propia y proporcionalidad pura.

Como se sabe, la aplicación real de escaños provinciales, con restricción distributiva en las provincias pequeñas por la ley electoral, sería algo diferente; afecta particularmente, por un lado, a IU (7,1 escaños), que saldría beneficiada con este criterio estrictamente proporcional, y a En Comú Podem (4,1 escaños), que saldría perjudicada por su concentración en Barcelona, mientras se mantienen en una situación intermedia Más País/Compromís (5,6 escaños), que rentabiliza su concentración de voto en Madrid y la Comunidad valenciana pero que su dispersión electoral en el resto del Estado no consigue escaños, y Galicia en Común (1,5 escaños). Pero lo que hay que destacar son las proporciones comparativas entre SUMAR (21,3 escaños), Podemos (17,4) y Más País/Compromís (5,6).

Evidentemente, hay un proceso político por recorrer y distintas variables políticas a considerar, pero este escenario es un punto de partida objetivo de la representatividad de cada grupo político —y a falta de otras configuraciones territoriales— en ese escenario. Cada formación política busca una doble influencia: contribuir a ampliar el conjunto y mejorar su posición relativa. Es un indicador orientativo para avanzar en una solución unitaria y pactada, para la negociación multilateral de las listas electorales y la composición del grupo parlamentario y, posteriormente, la adjudicación de las responsabilidades institucionales y gubernamentales. El acuerdo debe atender a ese doble criterio de cooperación y competencia leal para ganar todos en legitimidad y representatividad.

Esta realidad objetiva permite clarificar los distintos discursos. Algunos están basados en expectativas y deseos poco fundados y no son realistas ni unitarios; tampoco se deberían utilizar como instrumento negociador ventajoso en una dinámica corporativa o sectaria. La alternativa es avanzar hacia la unidad.

Por un lado, la posición de que Yolanda Díaz y su equipo se deben apropiar del conjunto de los resultados del escenario unitario, como si todo fuera debido a su versión de SUMAR. Supone el no reconocimiento de la legitimidad del resto de grupos políticos del espacio del cambio (‘no va de partidos’), en particular del papel de Podemos. Se ampara en la mayoría de las interpretaciones mediáticas, que avalan su protagonismo y el refuerzo de su hiperliderazgo para revalorizar su autonomía y capacidad de decisión unilateral. Es la idea de su monopolio en la representación y la gestión del nuevo frente amplio, sin la participación de la representación de otras formaciones políticas —salvo negociaciones informales—.

Por otro lado, es poco realista la posición de reclamar para la dirección de Podemos un papel mayoritario o determinante en esta nueva etapa, similar al anterior; ahora su representatividad sería cercana pero algo menor que la de SUMAR, que, además, tendría un mayor valor simbólico y político por el liderazgo de Yolanda Díaz asumido por todas las partes. Este hecho hay que reconocerlo, aunque está pendiente de la combinación de su doble papel: como portavoz y líder del conjunto, que es plural y sometido a una dirección colectiva e integradora, y como la dirigente de una plataforma política particular, la más relevante ahora pero que no llega a la mitad de la representatividad de todo el espacio del cambio.

Por tanto, son interesados e irrealistas dos discursos dominantes que están en confrontación. Por un lado, las posiciones de dar todo el reconocimiento, poder o autonomía decisoria al actual equipo de SUMAR, con el argumento de que posee una legitimidad por su supuesta aportación sobre este ascenso electoral, marginando la representatividad de Podemos (y demás fuerzas). Por otro lado, es necesario la aceptación por la dirección de Podemos del hecho de la disminución comparativa de su papel prevalente hasta ahora; es una readecuación costosa pero basada en su mermada realidad representativa, aunque se valore como injusta por el acoso mediático y de los poderes fácticos, se critique la insolidaridad recibida y se evalúe positivamente la labor histórica aportada.

Desde luego, la reclamación de ‘respeto’ exigida por la dirección de Podemos rompe con el relato oficial de SUMAR de ser ellos la fuerza hegemónica exclusiva y su proceso constitutivo la dinámica dominante, pero, aparte del tono, sería una apuesta razonable en el marco de una negociación justa de los equilibrios a adoptar. Es lo que reafirman con el asentimiento a la candidatura de Yolanda Díaz a la presidencia del Gobierno, apoyando ese liderazgo pero con el reconocimiento de la pluralidad de fuerzas políticas implicadas y su representatividad. Ese emplazamiento se ha malinterpretado en muchos ámbitos como una amenaza de división cuando lo que se exige es una unidad equilibrada, bajo la forma de coalición.

La división, evidentemente, podría producirse, a pesar de que formalmente todas las partes se hacen portavoces de la unidad, mientras la pugna del relato competitivo apunta a echar la responsabilidad de la división en la otra parte para rebajar su legitimidad. Según la encuesta, la responsabilidad estaría repartida entre todos los actores.

Las versiones extremas incompatibles serían: la cerrazón por SUMAR en la imposición de su criterio de no reconocer la representatividad de Podemos (y demás grupos políticos) y tener el monopolio del control del espacio del cambio; la exigencia por Podemos de mantener la primacía en la dirección del nuevo frente amplio. Pero ahí nos adentramos en la problemática del escenario de división y sus causantes según la propia encuesta, que trataremos en otro lugar.

En definitiva, existen dos niveles distintos para medir la representatividad y la función política de la izquierda transformadora que convendría diferenciar con dos nombres diferentes. Siguiendo la encuesta, se puede hablar de SUMAR-Unión de la izquierda pero también de espacio del cambio, frente amplio e izquierda alternativa, y SUMAR-División de la izquierda, con las distintas opciones.

El factor diferencial decisivo que genera el resultado global más favorable es la unidad de todo el espacio alternativo. No es la aportación de la propia Yolanda Díaz y su equipo, condición necesaria pero no suficiente, sino la propia dinámica de unificación del conjunto, por su impacto político de credibilidad transformadora y capacidad unitaria y representativa, así como por la superación de las restricciones de la normativa electoral.

La conclusión general es nítida: la unidad de esa representación política a la izquierda del Partido Socialista es fundamental. No solo beneficia al conjunto de ese frente amplio, sino que garantiza la viabilidad de un gobierno de progreso en alianza con el PSOE. Lo que se ventila es la consolidación de los avances sociales, democráticos y de cohesión territorial que mejoren la situación de la mayoría social, o bien el riesgo de una fuerte involución social y democrática, derivada de las políticas regresivas y autoritarias que promueven las derechas.

Por tanto, estamos ante una situación delicada y de gran trascendencia política e institucional, para las condiciones sociopolíticas de la sociedad y el proyecto progresista de país. La responsabilidad colectiva de la representación política de ese espacio es decisiva para garantizar el escenario unitario que multiplica y evitar el escenario desunido que resta. La opción unitaria queda confirmada como la mejor para el conjunto popular y esa izquierda transformadora, y también para el país y su progreso social y democrático. La polémica se establece sobre cuáles son las mejores condiciones y procesos para construirla.

La disputa de los relatos busca la mayor legitimidad de cada actor para defender sus posiciones políticas y sus intereses particulares en la nueva configuración política, para demostrar que tienen coherencia con esa finalidad unitaria clave y los reequilibrios internos más equitativos. Doy por supuesto que nadie apuesta, de entrada, por la división, aunque se señalen los obstáculos y las condiciones para la unidad. Se abre un proceso dialogador complicado que empieza por la necesidad de escucha mutua y el reconocimiento de los interlocutores, en un plural marco organizativo deliberativo y decisorio.

Las dificultades son muchas y una de ellas es la adjudicación de las responsabilidades de los actores y las estrategias que faciliten o impidan el avance hacia esa unidad. Este campo de juego afecta a la propia interpretación de los hechos y los resultados demoscópicos. En consecuencia, es preciso el máximo rigor y objetividad en el análisis de la realidad, que profundizaré más adelante, para definir mejor el camino a recorrer. Es lo que podemos aportar desde las ciencias sociales como contribución a una solución pactada para sumar.

Precisiones metodológicas y conceptuales

Ya he avanzado la valoración positiva de esta encuesta de 40dB pionera y de calidad para poder abordar con bases objetivas este tema complejo, controvertido y crucial, y más allá de las interpretaciones periodísticas y políticas de sus resultados. La encuesta observa los estándares básicos de calidad científica para la investigación social: Una muestra de 2.000 personas, con un margen de error muestral de +/- dos puntos porcentuales y un nivel de confianza del 95%. No obstante, señalo tres aspectos concretos a matizar: La distorsión representativa por clase social; la verosimilitud de ese escenario de división, junto con el papel de Izquierda Unida y el estatus de En Común Podem (y Galicia en Común), y la identificación y nominación de ese espacio del cambio.

La distribución por clase social de la muestra (con pequeñas diferencias entre la real y la ponderada), a mi modo de ver, tiene un sesgo con sobrerrepresentación de la clase alta/medio alta (40,7%) e infrarrepresentación de la clase media baja/baja (31,7%), la típica clase trabajadora, aunque se puede aproximar el dato de la clase media (27,7%). Dejo al margen las demás variables, incluida la representatividad de cada fuerza política a partir de los resultados de las elecciones generales de noviembre de 2019.

Por otra parte, como señala la propia encuesta, la muestra de Más País y de Izquierda Unida es pequeña y, como se anuncia, hay que tomarla con reservas y acompañarla de otros estudios cualitativos. Igual sucede con la ausencia de datos distribuidos por Comunidades Autónomas, que imposibilita, por ejemplo, valorar las distintas confluencias territoriales vinculadas con el espacio confederal de Unidas Podemos.

Los escenarios expuestos son unas hipótesis extremas. No obstante, en el caso del escenario dividido es admisible la posibilidad de presentarse por separado tres opciones: SUMAR, que se constituiría como un grupo político diferenciado, Más País/Compromís/Equo y Podemos. Incluso cabe la coalición o integración de los dos primeros. Pero por los hechos y las declaraciones es inverosímil la presentación solitaria de Izquierda Unida, que parece que tiende a la alianza con SUMAR y no con Podemos, en el ámbito de Unidas Podemos, como sí es preferente para gran parte de las elecciones autonómicas y municipales.

No obstante, el aspecto más controvertido es el encajonamiento de las respuestas en las cuatro opciones estatales que afecta, en particular a En Comú Podem (y otras confluencias territoriales). En este caso no es verosímil la disolución o la división de esa alianza electoral, costosamente construida y de gran influencia política y representatividad, ni siquiera de Podem respecto de Catalunya en Común, por no hablar de IU o de ICV, y aunque ese escenario generara tensiones internas. Así, en los microdatos de las dos mil personas también aparece en Cataluña el voto a SUMAR y a Podemos, cuando la fuerza que se va a presentar es la propia confluencia catalana, por mucho que luego, al igual que en el espacio confederal de Unidas Podemos, En Comú Podem, Galicia en Común, se pudiese asociar con SUMAR como referencia estatal, así como, desde luego, en el conglomerado unitario, probablemente con su propia sigla como ahora. Además, en algunos aspectos solo aparece Catalunya en Comú y en otros la acumulación de sus datos está en el grupo de fuerzas nacionalistas y regionalistas. En especial, tiene impacto la adición de sus siete escaños que, en ese escenario de división, se adjudican dentro de los veintitrés de SUMAR sin valorar su propia autonomía.

El tercer aspecto, que no solo tiene valor simbólico, sino que expresa su perfil ideológico-político y su estatus unitario o diferenciado, es su denominación y su sigla. Hasta hace poco se utilizaba la expresión de ‘espacio del cambio’. En la encuesta se utiliza la palabra ‘izquierda’ en los dos escenarios ‘Unión de la izquierda’ y ‘División de la izquierda’; me parece razonable, considerando que en torno al 80% de su electorado se autoidentifica como de izquierdas (el 55% en el caso del Partido Socialista, al que también se considera de izquierdas) y dando por supuesto que no es exclusiva esa pertenencia, sino que hay un porcentaje pequeño de personas centristas y de derechas.

Igualmente, la denominación ‘izquierda del PSOE’ puede ser aceptable si se clarifica su significado; está claro que las políticas y el proyecto transformador que representa este espacio del cambio (real y sustantivo) es más profundo y consecuente que el de la dirección socialista, así como la media ideológica de su electorado está algo más a la izquierda. Pero, tal como expongo en otra parte, hay que advertir que la distribución de ambas fuerzas progresistas se produce en todos los segmentos, desde la extrema izquierda hasta el centro, y esa expresión podría confundir al adjudicar la representatividad exclusiva de los sectores más radicales, cuando el PSOE (incluso según los datos del CIS) tiene una representatividad similar que UP en el electorado de extrema izquierda y es similar en la izquierda, adquiriendo ventaja en el centro-izquierda o izquierda moderada.

O sea, desde el punto de vista de sus electorados, ambas fuerzas son relativamente paralelas, ligeramente más a la izquierda en el caso de las fuerzas del cambio. No obstante, tiene otros componentes políticos e ideológicos diferenciadores, aunque con presencia en todos los segmentos de la izquierda o del centro-izquierda. Al mismo tiempo, hay que precisar cierta diferenciación político-ideológica e identitaria con las bases sociales socialistas. Así, la identificación ideológica del electorado del cambio la defino como de progresismo de izquierdas, con fuerte componente social popular, feminista y ecologista, aparte de federal/confederal, y más allá de los componentes más tradicionales en el campo socialista, más envejecido. En ese sentido, prefiero otras denominaciones utilizadas mediáticamente como frente amplio e izquierda transformadora o izquierda alternativa, sin descartar grupo o fuerza progresista.

Con respecto a la sigla, está pendiente de su formalización por parte de Yolanda Díaz y su equipo tras el proceso de escucha y la elaboración programática de sus treinta y cinco grupos de expertos. SUMAR hasta ahora tenía un sentido doble. Por un lado, era un movimiento ciudadano y, por otro lado, sería una plataforma política para apoyar su candidatura y articular su campaña en las elecciones generales de fin de año 2023. Pero, en este caso, y es una virtud de la encuesta con los dos escenarios, puede tener un doble desarrollo y distinta función: por una parte, un grupo político adicional junto con otros, en el escenario de división; por otra parte, en el caso de la unión y compartiendo con otros, un conglomerado o frente amplio que ya no sería ni se llamaría SUMAR sino que estaría abierto al proceso negociador colectivo y plural.

La falta de reconocimiento mutuo y negociación leal entre los diferentes grupos políticos abocaría a un SUMAR limitado, con una simple (y disminuida) recomposición del electorado alternativo. Dicho de otra forma, lo que multiplica, aparte del liderazgo de Yolanda Díaz, es sobre todo la configuración unitaria del espacio del cambio de progreso con una dinámica plural e integradora en los planos estatal y territorial. Lo primero es necesario, pero sin lo segundo es incapaz de desencadenar la dinámica general ilusionante y los buenos resultados electorales y políticos que vaticina la configuración del frente amplio, y solo consistiría en una trasferencia de voto, con similares resultados globales: escasa suma de votos y ligera disminución de escaños. Evitar esa necesaria negociación para una solución pactada y unitaria, imponiendo el marco organizativo de su primacía dirigente, es divisivo, incluso restaría respecto de la situación representativa actual con un fiasco de expectativas. Luego vuelvo sobre ello.

Multiplicar o restar: Los escenarios para las izquierdas

En la tabla adjunta expongo los principales resultados en votos y escaños de las distintas fuerzas de izquierda, diferenciando el Partido Socialista del espacio del cambio o frente amplio, dejando la sigla SUMAR, junto con Podemos, Izquierda Unida y Más País/Compromís, para los resultados en el escenario de división de la izquierda del PSOE, tal como distribuye la encuesta de 40dB.

Fuente: 40dB, Barómetro de diciembre de 2022, con elaboración propia.

Como se ve, el total de votos de las izquierdas apenas se modifica en cualquier escenario y respecto a los resultados de las elecciones generales de noviembre de 2019 y la propia estimación de la encuesta en los tres supuestos: sin la presencia de SUMAR, con la unión y con la división de la izquierda del PSOE. No obstante, hay un desplazamiento de entre ochocientos mil y hasta un millón de votos (entre un 3% y un 4%) desde el Partido Socialista hacia el frente amplio en las dos hipótesis, de unión y de división. Paradójicamente, el frente amplio consigue más votos en el caso de ir divididos, por el rechazo de algunos sectores a la compañía y el liderazgo de otros grupos yendo juntos en la misma candidatura.

Dicho de otra forma, el ir separados no penaliza la participación y el apoyo electoral al conjunto de grupos políticos del espacio alternativo; lo que sí penaliza ostensiblemente es su traslación a escaños, dada la restricción de la ley electoral que castiga su adjudicación en las provincias pequeñas, mientras, pasando del 15% y siendo tercera fuerza, por delante de VOX, facilita su acceso en las provincias medianas. Además, con la división, el conjunto de las izquierdas baja 22 escaños hasta 136, desde los 158 de 2019; tendría 27 escaños menos que si se produce la unión de la izquierda alternativa, que alcanzaría 163 escaños, mientras las derechas se quedarían con 159 escaños (con 151 en 2019).

Por otra parte, comparadas las dos hipótesis con los resultados de la encuesta sin la participación de SUMAR, es decir, manteniendo el grupo confederal de Unidas Podemos/En Comú Podem/Galicia en Común, junto con Más País/Compromís, el electorado del conjunto del espacio del cambio apenas varía. Se quedaría en el 15%, respecto al 15,3% de las elecciones de 2019; lo que se produce es un pequeño desplazamiento del voto de los primeros a los segundos de apenas punto y medio (1,6% menos en UP y 1,3% más en MP), lo que se traduce en un total de 34 escaños (30+4), en vez de 38 (35+3).

O sea, este escenario sin la presencia de SUMAR refleja la poca aportación que podría producir este para el ensanchamiento electoral. Así, la participación de SUMAR en un escenario de división tiene un nulo efecto real para la ampliación de escaños. En esa circunstancia, solo supondría una trasferencia de voto —significativa— de las dos partes, UP (25,9%) y MP (39,4%), hacia SUMAR, que, con la recuperación de 4,3 puntos porcentuales (del PSOE), sumaría hasta el 9,1% del electorado; pero como ha quedado dicho esa situación restaría la representación parlamentaria hasta los 32 escaños desde los 34 que le da la encuesta a UP/MP sin SUMAR y de los 38 que poseen actualmente.

Igualmente, su participación tampoco frenaría el supuesto descenso electoral de UP que, según la encuesta, apenas mueve su electorado, aunque se note el desgajamiento de esas preferencias de voto hacia SUMAR en el caso de que se presente. Es decir, su presencia resolvería un mejor acoplamiento de esa cuarta parte de la base social de Podemos y el 40% del electorado de Más País, que estarían más cómodos con la orientación, el estilo o la credibilidad de SUMAR y dispuestos al cambio de papeleta. Sin embargo, ese trasvase estaría lejos del catastrofismo de la hipótesis de la descomposición y la desafección del electorado de UP, cuya mayoría mantendría. Así, sin SUMAR también conservaría el grueso de este ya que, a pesar de cierto desafecto, no se abstendría.

En definitiva, se trataría de un reajuste interno en el que pierden votos y escaños los tres grupos (Podemos, IU y MP) y gana SUMAR, que consigue casi la mitad del electorado alternativo, aunque descontando la representación parlamentaria de las confluencias, que tienen entidad propia, se quedaría con menos de la mitad de los escaños (14 de 32) del conjunto. Y según han dicho sus representantes, en la composición prevista para el grupo parlamentario habría prevalencia de personas independientes y sin pertenencia a ninguna organización partidaria, es decir, solo ‘yolandistas’, con el complemento negociador de parte de su cupo hacia IU y, por supuesto, con el reconocimiento de la autonomía de las confluencias territoriales.

Problema aparte es el encaje de MP/Compromís y el propio Podemos. Este último ya ha avanzado su propuesta, una coalición con SUMAR sobre la base del reconocimiento de la representatividad de cada cual, cuestión en disputa. En el caso de los primeros, el aspecto a destacar es la exigencia de su propia autonomía por parte de Compromís y el silencio —atronador— de Más País, cuyo estatus no saldría especialmente beneficioso en ninguna de las hipótesis. Pero, sobre todo, se constataría el cierre de su expectativa de un gran ascenso electoral y un reequilibrio más significativo en el conjunto del espacio del cambio, cuestiones que fundamentaron su separación de Podemos.

Lo que sí ofrecen estos desplazamientos electorales, que analizaremos más tarde, es que SUMAR se erigiría como el grupo político mayoritario; pero incluso así estaría en una posición menos determinante que actualmente Podemos, con 20 escaños, respecto del actual espacio del cambio, y que, junto a los 2 de Más País, 1 de Compromís, 1 de Alianza Verde, 2 de Galicia en Común, 7 de En Comú Podem y 5 de Izquierda Unida, suman 38 escaños.

Por tanto, como he aventurado en otros textos, la dinámica actual se encamina a una recomposición de la primacía dirigente de la izquierda alternativa, cambiando el actual papel determinante de la dirección de Podemos por el de SUMAR, con lo que conlleva de prevalencia en la orientación y gestión política y la distribución de cargos y responsabilidades institucionales, en un marco plural y confederal con diversidad partidaria.

Está claro que, con el acuerdo con los grupos nacionalistas, socios de la actual legislatura, en el caso de la unión del espacio del cambio se podría reeditar el gobierno de coalición progresista, aunque en el caso de su división sería mucho más difícil y mayor el riesgo de un Gobierno de las derechas.

Por tanto, el factor decisivo es la unión de las candidaturas de ese espacio, que permitiría además un mejor reequilibrio institucional respecto de la representación parlamentaria del Partido Socialista. Su peso relativo, respecto de la del conjunto de la actual coalición de Gobierno, pasaría de una escasa cuarta parte (24%) a más de un tercio (35%) en la próxima legislatura, con el consiguiente reparto equitativo de las responsabilidades gubernamentales e institucionales, aspecto crucial para la atracción política hacia ese polo y sus principales gestores, así como para su influencia política.

Por último, el escenario unitario es más sencillo. Todos ganan. El problema político aquí es definir cuáles son las causas de esa ampliación del espacio del cambio, ya que se trata de legitimar la apropiación y distribución de los beneficios y erigirse con la representación de su gestión. Y como he avanzado, el motivo principal no es tanto el liderazgo de Yolanda Díaz o el talante más moderado que se aprecia en SUMAR, respecto de Podemos, sino el ejercicio de responsabilidad unitaria y credibilidad gestora del conjunto.

La línea programática y las estrategias políticas y de alianzas pueden ser objeto de negociación y compromiso, ya que no hay grandes diferencias, aunque sí diversos énfasis y prioridades. Pero la cuestión clave pasa por una solución pactada en la oferta político-organizativa como frente amplio unitario. Supone una articulación negociada y sujeta al principio de realidad representativa, cuyo indicio apunta esta encuesta con las hipótesis planteadas. Habrá que valorarlas en los próximos meses junto con otros estudios demoscópicos, los resultados electorales de las elecciones municipales y autonómicas, así como con las valoraciones cualitativas y realistas de las capacidades y potencialidades de los distintos grupos políticos, desechando corporativismos sectarios y pugnas destructivas. Frente al riesgo de división y sus consecuencias de restar, se trata de la apuesta por multiplicar, con una solución equilibrada.

Perfil ideológico-político y problemas de la gente

En el adjunto gráfico expongo los datos sobre la ideología de los electorados de ambas fuerzas progresistas, el PSOE y el conjunto de la izquierda alternativa o espacio del cambio, en el escenario de su unión y aquí bajo la sigla de SUMAR, tal como expresa la encuesta de 40dB.

Fuente: 40dB, Barómetro de diciembre de 2022, con elaboración propia.

Se distribuye en siete opciones, desde extrema izquierda (0) hasta extrema derecha (10), aunque hay que constatar que cada segmento tiene un peso demográfico distinto que pongo entre paréntesis: 0 y 1, extrema izquierda (7,8%); 2 y 3, izquierda (o izquierda transformadora) (22,4%); 4 centro-izquierda (o izquierda moderada) (10,0%); 5, centro (23,6%); 6, centroderecha (o derecha moderada) (9,4%); 7 y 8, derecha (14,2%), y 9 y 10, extrema derecha (5,8%). He añadido el porcentaje de respuesta ‘No sé’ (6,9%), que es significativo en el caso del PSOE, en el escenario de unión de la izquierda alternativa o frente amplio.

Como se ve, la pertenencia a las izquierdas alcanza al 80% en el caso de SUMAR (como unión de todo el espacio del cambio), con minorías significativas en el centro y el centro-derecha. El máximo porcentaje, superior a un tercio, se sitúa entre la extrema izquierda y la izquierda transformadora en cuyos tramos supera en representatividad al PSOE.

En el siguiente gráfico expongo la posición ideológica de los cuatro dirigentes más significativos de las izquierdas: Pedro Sánchez, del Partido Socialista, Íñigo Errejón, de Más País, Yolanda Díaz de SUMAR y Jone Belarra de Podemos. Comparo las opiniones de los electorados de los tres actuales grupos políticos progresistas, PSOE, Más País y Unidas Podemos, tal como indica la encuesta de 40dB; además, señalo cuál es la media de la identificación ideológica de cada uno de esos tres electorados por parte de la población. Todo en la escala de Izquierda (0) a Derecha (10).

Fuente: 40dB, Barómetro de diciembre de 2022, con elaboración propia.

No comento los datos, que son suficientemente expresivos. Solo destaco dos aspectos. Uno, la discordancia de los electorados de cada una de las tres fuerzas en la valoración del presidente, Pedro Sánchez. Su base social socialista lo coloca en la izquierda moderada —centroizquierda, lo llama la encuesta— (4,2), y la de Unidas Podemos en el centro (5,2). Otro aspecto es la ubicación por parte de la población en general de los tres grupos políticos en la izquierda transformadora (que incluye los segmentos 2 y 3), aunque con una gradación, desde UP, significativamente, más a la izquierda que MP y éste, a su vez, un poco más a la izquierda que el PSOE y cercano a él.

Fuente: 40dB, Barómetro de diciembre de 2022, con elaboración propia.

En el gráfico adjunto he seleccionado la opinión de los votantes de Unidas Podemos con respecto a los cinco grupos políticos de las izquierdas, para explicar sus diferencias y similitudes, en relación con cuatro temas de relevancia pública para una identificación sociopolítica y comprobar sus afinidades políticas: Comprometido con la clase trabajadora, Escucha a la ciudadanía, Comprometido con el feminismo y Comprometido con los colectivos vulnerables. Cabe destacar las altas valoraciones que tienen sobre Podemos, particularmente en el compromiso con el feminismo, y la distancia significativa respecto de la también bien valorada opinión sobre SUMAR, aunque lo ponen por debajo incluso en la escucha a la ciudadanía. Al contrario, en los cuatro casos considerados hay una escasa valoración del PSOE y de Más País y un criterio intermedio en el caso de Izquierda Unida.

En la siguiente tabla destaco los porcentajes de la población a los que le preocupan, bastante o mucho, los seis problemas más relevantes que, como se puede observar, tienen un impacto material y vital fundamental para la gente. Constituyen los retos para las instituciones y las fuerzas políticas, empezando por el primero y muy generalizado, la inflación y el coste de la vida, que implican la necesidad de unas políticas públicas más contundentes, una regulación de los mercados y los beneficios empresariales y un freno a la devaluación salarial.

Fuente: 40dB, Barómetro de diciembre de 2022, con elaboración propia.

La segunda tabla expone los tres grandes segmentos en que se distribuye la sociedad respecto de la situación económica de su hogar o su familia: los que tienen una posición económica holgada (45,7%), los que llegan justos a fin de mes (37,3%), en una dinámica precaria, y los que no pueden afrontar todas sus necesidades de gasto (17%), en una trayectoria de empobrecimiento. Es decir, hay una mayoría de más del 54% con grandes dificultades socioeconómicas y constituye un desafío para la credibilidad de las fuerzas progresistas y su gestión reformadora.

Composición de los electorados y transferencia de votos

El siguiente gráfico detalla, en el caso de división del espacio del cambio y según la encuesta de 40dB, la composición de los actuales electorados de los grupos de izquierdas (SUMAR, Podemos, Más País/Compromís e Izquierda Unida) en función del recuerdo de voto que mantuvieron en las elecciones generales de noviembre de 2019. Están agrupados en cinco categorías: PSOE, Unidas Podemos, Más País/Compromís, Otros (donde incluyo pequeños porcentajes de grupos nacionalistas y de derechas), y Abstención.

Como se expresa, la gran mayoría —cerca de los dos tercios— de la intención de voto hacia Podemos e Izquierda Unida procede del voto anterior a Unidas Podemos, aunque es significativo en ambos casos la procedencia de voto al PSOE, en torno al 10%, y de la abstención, en torno al 13%. En el caso de Más País/Compromís, retiene sólo poco más de un tercio de su antiguo electorado, aunque recupera una parte de votos que votaron al PSOE y que ahora constituiría más de otro tercio de su electorado. En relación con el voto estimado hacia SUMAR, el 38,5% de su electorado provendría del voto al Partido Socialista, el 29,3% del voto a Unidas Podemos y el 6,4% de voto a Más País; en este caso, con pequeñas diferencias respecto del resto, es de reseñar que en su composición recoge un pequeño porcentaje mayor de votos de otros grupos de derecha y algo menor que los demás de la abstención.

Fuente: 40dB, Barómetro de diciembre de 2022, con elaboración propia.

El gráfico sobre las transferencias de voto, en el escenario dividido que plantea la encuesta de 40dB, es muy significativo. Desde las tres fuerzas que se presentaron en las elecciones de 2019, Unidas Podemos y confluencias, Más País/Compromís y Partido Socialista, se detalla la movilidad y trayectoria de los votantes de los grupos políticos en el escenario de división de la izquierda del PSOE.

Hay una limitada fidelidad de voto en los dos casos: del 43,3% en UP que se distribuyen en el 32,2% para Podemos y el 11,1% para IU; y del 38,9% de Más País/Compromís, que además hay indicios de que afectaría, sobre todo, a su electorado fuera de Madrid y Comunidad valenciana, que son sus feudos, en un porcentaje superior a esa media y, como también aparece, el mayor porcentaje de trasvase (39,4%) se realiza de esa fuerza política hacia SUMAR.

Por otra parte, en el caso de la trayectoria de votantes de Unidas Podemos que, no olvidemos, se presentaron y conforman el grupo confederal con las dos confluencias, En Comú Podem y Galicia en Común, como ya he señalado respecto de la intención de voto, en la encuesta se fuerza a que se definan por un grupo estatal, y en el caso catalán hay una mayoría que se definen por SUMAR, no por Podemos. Pero todo indica que esas confluencias se mantienen como oferta política y electoral autónoma para las elecciones generales. Es decir, del 25,9% que se cita de transferencia de Unidas Podemos/En Común Podem/Galicia en Común, habría que rebajar el porcentaje del electorado de esas dos confluencias, al menos en torno a la quinta parte del conjunto, similar a su peso electoral, más de cinco puntos porcentuales; o sea, quedaría una transferencia de un 20% del voto del grupo confederal de UP hacia SUMAR.

Por otro lado, el PSOE, tiene una mayor fidelidad de voto, casi los dos tercios, con una fuga limitada hacia SUMAR (12,4%), aunque al tener un mayor volumen para este grupo político es un refuerzo significativo. Y un último dato, aunque puesto en cuarentena por la posible deficiencia de la muestra, es la fuga del 8,2% del electorado de Más País/Compromís hacia los partidos de derechas.

Fuente: 40dB, Barómetro de diciembre de 2022, con elaboración propia.

El siguiente gráfico detalla la forma preferente de candidatura de SUMAR, en el escenario de unión de la izquierda alternativa o frente amplio, comparando la opinión de los electorados de los tres grupos de izquierdas: Unidas Podemos/En Comú Podem/Galicia en Común; Más País/Compromís, y Partido Socialista. En el total queda reflejada la opinión del conjunto de la población, es decir, incorporado al amplio electorado de las derechas y el de los grupos nacionalistas. En este caso solo hay que reseñar que el 24,1% contesta ‘No sé’ y el 16,4% ‘Ninguna de las anteriores’, y baja la definición expresa a esas tres opciones explícitas.

Fuente: 40dB, Barómetro de diciembre de 2022, con elaboración propia.

Por otra parte, podemos considerar una diferencia menor la que hay entre ‘un nuevo partido’ y ‘una plataforma política independiente’, aunque se puede interpretar que la primera opción supone un grupo político adicional en un escenario de división y el segundo la plataforma del modelo oficial del equipo de SUMAR, que solo lo prefiere en torno a un 20% de los electorados progresistas —menos en el caso de UP y PSOE y algo más en el de MP— y un 15,4% la ciudadanía en general. La otra opción, ‘Una coalición de partidos’, es la propuesta oficial de Podemos. Pues bien, ahí están los datos. Hay una mayoría clara de más del 40%, en el caso de UP/confluencias y de MP/Compromís, por esta fórmula organizativa de coalición de partidos, e incluso es mayoritaria entre los votantes del PSOE (31,6%), que también con un significativo 29,1% respalda que SUMAR constituya un nuevo partido.

En todo caso, en la pregunta se deducía un marco para el conjunto de la izquierda alternativa. En ese sentido, y a falta de un auténtico proceso constituyente pactado, es de sentido común contemplar una coalición de grupos políticos con una sigla diferenciada para denominar el conjunto del frente amplio, a negociar por parte de todos los interlocutores. Por otro lado, estaría la constitución de SUMAR como agrupación política diferenciada de otras, cuya sigla también está pendiente de confirmar. Pero estaríamos antes dos procesos políticos distintos, como se ha ido valorando en este texto y ha reflejado la encuesta de 40dB, aunque confluyan en el tiempo.

Por tanto, para evitar confusiones lo adecuado es identificarlos con dos denominaciones o siglas diferentes, respetando sus distintas articulaciones. Aparte queda la otra función legitimadora como movimiento ciudadano que los promotores de SUMAR quieren desarrollar y que también estaba en los planteamientos iniciales de Podemos con su caracterización de ser un partido-movimiento o ‘construir pueblo’, dentro de una concepción nueva de la acción política. Sin embargo, como se ha visto, esa doble función no se ha desarrollado, y el peso decisivo lo ha terminado por tener su papel de organización política-electoral y de gestión institucional, mientras la actividad cívica de los movimientos y grupos sociales, más o menos fragmentaria y diversa, ha seguido por sus propios derroteros autónomos.

Por último señalo, según la encuesta de 40dB, las responsabilidades sobre una hipotética fractura. He acumulado los tres líderes de Podemos y, por otra parte, he sumado el 21,1% de respuestas que adjudican la responsabilidad de ‘todos por igual’, a la opción individual de cada cual. El 22,8% no sabe. Los datos son los siguientes: Pablo Iglesias/Jone Belarra/Irene Montero, 51,8%; Yolanda Díaz, 33,9%; Íñigo Errejón, 26,2%; Alberto Garzón, 24,8%; Ada Colau, 23,5%, y Mónica Oltra, 22,5%. Así, la suma de la responsabilidad individual, en la que destaca Pablo Iglesias, con la crítica colectiva que se hace a todos ellos, permite valorar mejor la amplitud de la exigencia de responsabilidades a estos dirigentes.

Los representantes de Podemos tienen un problema de legitimidad sobre su posición de emplazamiento para la unidad, y aunque la gran mayoría de los medios se han volcado en interpretarla como de preparación rupturista y señalar su responsabilidad, cuestiona, al menos, su línea comunicativa. Por otro lado, aunque esos medios han exculpado la responsabilidad de Yolanda Díaz (y los demás líderes), es significativo el tercio de personas que la señala igualmente como responsable de la fractura (el resto también son señalados por en torno a una cuarta parte). La conclusión es que a nivel ciudadano la responsabilidad de la fractura, aunque con cierta gradación, afectaría al conjunto de los dirigentes del espacio del cambio que deberían mostrar una mayor disposición unitaria efectiva.

Conclusiones: articulación política y cívica

Estamos en una encrucijada histórica con el riesgo de una fuerte involución social y democrática de la mano de unas derechas cada vez más regresivas y autoritarias. La activación y firmeza de las fuerzas progresistas es fundamental para avanzar en un proceso igualitario y democratizador. Se necesita el impulso reformador de progreso en los cuatro ámbitos, socioculturales, económico-productivos, territoriales y político-institucionales. El fortalecimiento y la cooperación de las izquierdas es decisivo.

En los últimos años, se ha producido cierto agotamiento del impulso participativo y unitario de cambio progresista junto con un avance en su cristalización institucional a través del gobierno de coalición progresista, y en otros ámbitos municipales y autonómicos, que ha supuesto mejoras significativas para la mayoría social y un camino de colaboración de las izquierdas, cuestiones ambas a consolidar. Tenemos el reto de las elecciones municipales y autonómicas y, sobre todo, las generales para fin de 2023, con el desafío de profundizar en el cambio de progreso y consolidar una etapa igualitaria y democratizadora.

El proceso de renovación, fortalecimiento y ampliación del frente amplio es decisivo para incrementar su representatividad popular, reequilibrar favorablemente su influencia en el conjunto de las izquierdas y fuerzas progresistas y garantizar una dinámica transformadora.

Como se ha analizado exhaustivamente a partir de la encuesta 40dB, la iniciativa de SUMAR es positiva, pero a condición de que forme parte de un proceso unitario del conjunto de fuerzas que representan la izquierda transformadora. Ello supone una negociación multilateral desde el respeto y el reconocimiento de la representatividad de cada grupo político con la apuesta por una solución pactada, unitaria y justa para todas las partes. Es la condición para avanzar y que todos ganen de forma equitativa. Supondría una modificación de la primacía dirigente del equipo de SUMAR respecto de la prevalencia ejercida por la dirección de Podemos hasta ahora, que debería admitir su readecuación a los actuales equilibrios representativos justos y realistas.

Pero esa reconfiguración a negociar estaría lejos de la posición extrema, defendida en diversos ámbitos, del monopolio de SUMAR por la descomposición de Podemos o la conveniencia política de su completa marginación. La solución es una alternativa unitaria y pactada. Queda un año y diversos acontecimientos, entre ellos las elecciones municipales y autonómicas, la experiencia de la gestión política, así como la de esta trayectoria de articulación del frente amplio. Todo ello permitirá definir mejor la potencialidad de la unidad y su carácter, así como el reconocimiento del valor de cada parte para confluir en una oferta político-electoral unitaria para las elecciones generales.

La otra opción contemplada es la división en la que SUMAR sería un grupo político adicional que rellena un hueco significativo con una parte de los electorados que se transfieren de los anteriores de Unidas Podemos y Más País, así como del PSOE, pero que en su conjunto apenas sumaría, particularmente, en escaños, que incluso podrían disminuir. En ese caso solo se produciría un reajuste en la representación interna del espacio del cambio. La alternativa, pues, es la unidad en la oferta político-electoral-institucional, que es el factor clave que garantiza la ampliación electoral y especialmente su traducción institucional en escaños parlamentarios y presencia institucional. Y ello debería estar combinado con la pluralidad de sensibilidades y agrupaciones políticas internas que debe reconocerse, arbitrando su regulación deliberativa y decisoria común, particularmente para confeccionar las listas electorales y los puestos de salida, junto con su correspondiente sigla representativa de todo el frente amplio.

Queda pendiente un proceso de articulación cívica del conjunto de movimientos sociales, mundo asociativo y sociedad civil progresista, con una dinámica transformadora y un proyecto sociopolítico y cultural complejo, plural y unitario, con el respeto a la propia autonomía de las organizaciones sociales respecto de las agrupaciones estrictamente político-electorales-institucionales. Eso son palabras mayores y sería un proceso ambicioso, cuya relevancia política y teórica se ha puesto de manifiesto en esta larga década frente a la crisis socioeconómica y su gestión regresiva y autoritaria por el bipartidismo, con la activación de un movimiento popular progresista y la recomposición de la representación política de la mano de Podemos y sus aliados y, ahora, mediante el proceso de formación de un frente amplio.

En el plano cívico, y con su respectiva autonomía sociopolítica y orgánica en su propio ámbito, conllevaría la articulación desde los sindicatos, que son la principal estructura social popular, hasta el tejido asociativo feminista, el ecologista, el vecinal o el de solidaridad. Su cooperación se ha producido en ocasiones específicas como procesos de activación cívica popular, incluso aunque la iniciativa y la polarización temática la llevase una parte de esos movimientos o su representación cívica, como aglutinante de aspiraciones sociales y democráticas más generales.

Hay experiencias históricas de esta convergencia progresista, democrática y popular, desde el propio movimiento antifranquista hasta el movimiento anti-OTAN y el sindical con sus amplías movilizaciones y huelgas generales, ambos grandes protagonistas en las décadas de los ochenta, el modelo de campañas masivas aunque más cortas, como la movilización contra la guerra de Irak, y hasta el movimiento 15-M, en sentido amplio de todo el proceso de activación cívica del lustro 2010-2014, o la reciente cuarta ola feminista.

Pero este breve y limitado proceso de escucha de Yolanda Díaz, aun con valor simbólico y práctico, no alcanza esa dimensión global y es insuficiente como proceso articulatorio unitario. Esa dinámica participativa actual tiene, sobre todo, la función política inmediata de avalar una candidatura a la presidencia del Gobierno y una plataforma electoral particular para las elecciones generales de 2023.

En definitiva, falta la configuración real de todo el frente amplio en la doble vertiente, de proceso de unidad, fortalecimiento y renovación de la representación político-institucional, y de estímulo y articulación de una convergencia de la acción cívica y popular que afronte los retos de la sociedad, con la apuesta por un cambio sustantivo de progreso bajo los valores de carácter igualitario-emancipador-solidario.

Lo decisivo ahora es la unidad de todo el espacio del cambio.

19 /

12 /

2022

La ley, en su majestuosa igualdad, prohíbe tanto a los ricos como a los pobres dormir bajo los puentes, mendigar en las calles y robar pan.

Anatole France
La azucena roja (1894)

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