Eduardo García Manzano

Después de la Barbarie: Itaca

Los pueblos mediterráneos tal vez tengamos aún la ilusión y el sueño de reconquistar Itaca. Si es improbable, entonces, es posible. Me gustaría saber si alguien fue capaz de anticipar la respuesta ciudadana de otra isla, fría, pero de una cálida y eterna belleza natural: Islandia.

Imagino algunas de las premisas que se deberían de haber barajado para realizar esa previsión o hipótesis: esa isla es tan grande y hermosa que es capaz de albergar a una población reducida, si la comparamos, por ejemplo, con la Grecia actual, sin que le sobre espacio. Esa población ha sabido comportarse como Pueblo y como Ciudadanía: se merecerían todo el espacio del mundo. Claro, además, antes de la Barbarie financiera del Capitalismo enfermo y decadente, allí se vivía muy bien, en todos los sentidos. Obviamente algunos islandeses morían y ciertas pasiones humanas no les eximían de experimentar dramas e incluso tragedias, pero esencialmente eran felices porque disfrutaban de un Bienestar sólido, desarrollado con inteligencia nórdica, todo perfectamente calculado; digamos que allí, tan lejos de nosotros, la angustia existencial no rozaba jamás la dimensión material o, como diría Polany, el sustento del ser humano. Hasta las premisas más elementales.

Pasemos ahora al nudo de su particular Odisea: silenciosamente, desde el subsuelo, las alcantarillas del Capitalismo enfermo y decadente, llegaron hasta esa isla los Monstruos de la edad dorada de la Especulación, que no eran representaciones míticas del Mal sino otros seres humanos barbarizados por el poder de la economía capitalista llevada hasta sus últimas consecuencias, unos auténticos nihilistas… ¿Pero qué pretendían esos Necios? ¿Tan ignorantes fueron de su propia ignorancia que no se dieron cuenta de que Islandia no podía ser conquistada? ¿Creerían que podía conquistarse, colonizarse, la belleza de la Naturaleza, la fuerza de un Pueblo, de una Ciudadanía feliz?

Miserables monstruos de pacotilla, los conquistadores y colonizadores financieros no los vieron venir a estos héroes contemporáneos, los hombres y mujeres islandeses. No era probable que, además de la inteligencia nórdica, fría, ordenada y eficaz en el cálculo o cómputo de la generosidad que ofrece Bienestar, tuvieran la capacidad de esa clase de Pasión humana que es la Revolución. Porque hay que decirlo así, con claridad: la respuesta de la ciudadanía islandesa ha sido de naturaleza revolucionaria. De aquí unos siglos, será obligado, en las escuelas elementales de una nueva civilización, el estudio admirado y detallado de esa revolución, de esa resistencia, oposición, ajuste de cuentas, o como el lector prefiera llamarlo: el sueño islandés.

No seré yo, pobre, literalmente empobrecido mortal que habita en un país de hienas, sólidamente establecidas en el Parlamento, y que mendiga al buitre germano algún deshecho, alguna limosna, quien anticipe cómo deberá de enseñarse la Lección islandesa. Ya debería de saber el lector que un buen anticipo lo tiene en el extraordinario documental Inside Job. Me pregunto entonces qué premio nóbel debería de entregáesele a la ciudadanía islandesa y a los artesanos que han realizado y producido este documental ¿El de la Paz?... Mejor el de Economía, o tal vez uno que aún no se ha inventado, el de Ecopolítica.

No hemos perdido aún, nosotros, los europeos meridionales, a nuestra añorada Itaca, simplemente se ha trasladado en el mapa. Nosotros hemos vivido ese fantástico desplazamiento, ese terremoto ecopolítico. Sus vibraciones, su potencia e intensidad nos han llegado, a pesar de las hienas y los buitres, que no parecen asustarse con nada, que se creen impunes. Deberíamos de ser capaces de desmentir esa cualidad, la impunidad, que sólo pertenece, en nuestra mitología religiosa, a Dios y al Diablo, las dos caras de una misma moneda. Deberíamos de saber también desplazarnos y así abarcar ese espacio que nos pertenece y no cederlo nunca más, el de nuestros derechos fundamentales.

En mi época de adolescente, se consideraba que uno era progresista, en cuanto a lo personal, a lo íntimo, si uno demostraba que no le importaba lo que los demás pensaran de uno mismo, que eso era una forma irrenunciable de Libertad. Pues bien, ahora también importa lo personal, lo más íntimo de cada uno de nosotros, el compromiso político, la oposición, la resistencia y, por supuesto, la revolución, y además importa, como nunca antes lo había hecho, lo que de nosotros piensen los demás.

¿Y quiénes son ahora esos “demás”?: el lector ya lo sabe. Son unos pocos cientos de miles de hombres y mujeres que siguen disfrutando de su merecida Itaca: los islandeses como Ciudadanía, como Pueblo y como Héroes.

27/1/2012

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