Cajón Desastre

El Lobo Feroz

Medidas energéticas y Fukushima

El gobierno empieza a tomar medidas sobre el consumo de energía. Aunque sean de risa, superficiales. El problema ecológico-energético es bastante grave en este país. Tanto que, aunque sólo fuera por eso, la gente tendría que prestar oídos a la izquierda alternativa, la única capaz de tomar al toro por los cuernos sin improvisaciones cosméticas.

Ahora, con las terribles noticias de Japón, hay que hablar de nuevo de la peligrosidad de la tecnología nuclear. La cosa es sencilla: si fallan los sistemas de refrigeración, siempre endebles, los reactores lo funden todo y la radioactividad se extiende sobre las poblaciones. En Chernobil fue de otro modo: error de un técnico en el manejo de la central, y generación de cánceres a cientos de miles de personas.

Se tardará en saber qué consecuencias han tenido realmente los accidentes japoneses. La falta de información y la información sesgada van a ser la tónica.

No hay instalación nuclear que no sea ontológicamente peligrosa, peligrosa en sí misma, por mucho que los empresarios nucleares, los gobiernos y los técnicos pagados para defender la energía de origen nuclear digan otra cosa.

Las nucleares tampoco son económicamente seguras. ¿Qué compañía de seguros puede asumir el riesgo de compensar una catástrofe nuclear? Los propietarios de las centrales, las grandes compañías eléctricas, se protegen tras sociedades-pantalla, dueñas formales de las plantas, de limitado capital. De modo que al final, en caso de accidentes graves, terminarían pagando los contribuyentes.

Es insoportable que quienes nos mandan “democráticamente” jueguen con nuestra seguridad, con la vida y la salud de grandes masas de población. Que nos impongan un riesgo grave evitable. En Europa, sólo en Austria la energía nuclear está constitucionalmente prohibida, como debe ser. En Dinamarca no hay centrales nucleares.

El Lobo cree, además, que debería estar criminalizado mentir u ocultar hechos para defender la energía nuclear, como criminalizada está la asociación terrorista. El secretismo y la desinformación que rodean todo lo nuclear son tan inmorales como legales. Para el Consejo de Seguridad Nuclear, que en teoría es el organismo público encargado de fiscalizar, hay incluso obligaciones de secreto. El movimiento antinuclear debe recomponerse rápidamente y echar abajo el pronuclearismo de Rajoy y de Zapatero, del PP y del PSOE. Zapatero ha prolongado la vida “técnica” de las centrales nucleares existentes en España; y Rajoy, la víspera misma de los accidentes múltiples de Fukushima, propugnaba públicamente el incremento de las centrales nucleares. Hay que imponer legalmente el desmantelamiento de esta energía peligrosa. Y abordar un plan ecológico-energético de sustitución y políticas de ahorro energético bien concebidas.

Nosotros podemos actuar ahora. Las víctimas japonesas ya no pueden hacerlo.

Estanflación

Las medidas económicas de los gobiernos europeos ya han conseguido sus esperados resultados: no sólo estancamiento económico, sino también inflación.

Los jóvenes no saben lo que es la inflación: es una espiral de aumento de los precios. Que si no se corrige con incrementos de los salarios, significa una pérdida del valor adquisitivo de éstos.

Hay inflación por la necesidad que tienen los estados de pagar las enormes deudas contraídas para acudir al rescate de las entidades financieras en la crisis que estas entidades contribuyeron a agravar.

Y hay estancamiento porque las políticas europeas de contención y recorte del gasto público frenan la actividad económica.

La estanflación, el estancamiento más inflación, va a ser la muestra patente del fracaso social de las políticas neoliberales en la crisis: no sólo en su gestación, sino también en la gestión de la crisis.

La inflación les vendrá bien a los gobiernos, porque desinflará sus deudas. Y mal a los trabajadores, porque reduce los salarios reales. La inflación es también un mecanismo de acumulación para los empleadores.

El estancamiento le irá mal a todo el mundo. Pero es lo que han preferido los gobiernos europeos.

La gente, y principalmente los sindicatos, tienen que librar ahora una batalla para indexar los salarios a los precios, para impedir el deterioro de los salarios reales.

Los expertos neoliberales van a ponerse a gritar contra los salarios de los trabajadores. Exigirán aumento de la productividad. El Lobo avisa. El tema importante es la indexación de los salarios a los precios. (Y al enviar estas líneas a la red, el Lobo comprueba que su temor se ha materializado incluso antes de que su aviso fuera publicado: hay un acuerdo de los gobiernos europeos para vincular los salarios a la productividad, esto es, a algo que no depende en absoluto de los trabajadores.)

Pues la verdad es que no puede haber aumento de la productividadsin inversiones y mejoras tecnológicas. Incrementar la productividad no está en manos de los trabajadores, sino de las inversiones empresariales.

Y, tal como van las cosas, estas inversiones han de ser sustentables desde el punto de vista ecológico. En suma: ojo a la sustentabilidad, a la inflación, y exigencia de inversiones productivas.

Empeora la sanidad pública y la privada

Si alguien ha pasado recientemente por consultorios médicos, tanto públicos como privados, habrá notado ya un empeoramiento de los servicios de salud debido a la crisis. Más aglomeraciones, cuando menos. Más tiempos de espera. Crucemos los dedos para que sólo sea eso.

Aunque hay también otras cosas. En la sanidad pública hay recortes. En unas autonomías más que en otras. En la medicina pública los médicos no cobran ciertos pluses si en vez de recetar genéricos recetan medicamentos de última generación, más caros pero más eficaces, y en ciertos casos los únicos eficaces. En la medicina privada la cosa también empeora: son mayoría los médicos que trabajan asociados a compañías de seguros de salud (DKV, Asisa, Sanitas, etc.), y en éstas los recortes han empezado ya.

Los asuntos sanitarios son muy delicados. En este país donde la Seguridad social, pese a ser universal, no da muy brillantes prestaciones en muchos campos —nada que ver con la Seguridad Social inglesa, incluso recortada como está—, los recortes pueden afectarnos no sólo individual sino también colectivamente. Con la pobreza ciertas enfermedades pueden reaparecer.

La venda antes que la herida

Aprovechemos este interregno de notable mejora de la televisión pública. Los servicios informativos ya no son lo que eran cuando gobernaba el PP. Y la dicha de ver películas sin cortes publicitarios —aunque estropeadas por insertos publicitarios de la propia televisión— acaso no dure mucho. Además, en este momento la cinematografía española es de lo mejor del mundo (el buen cine italiano, por ejemplo, casi ha desaparecido; y el cine norteamericano es buena muestra del declive de ese país). Todo esto no durará, seguramente. Los artistas que detenten el gobierno pueden cargarse en breve todo eso.

La iglesia y la sexualidad

La iglesia ni siquiera sabe educar en la decencia en las relaciones interpersonales, casi lo único —además de informar— que hay que decir en este campo. Los obispos son como los clérigos iraníes. Los ayatolás peninsulares lanzan gritos desesperados mientras se les vacían los seminarios. Pero cuentan con las huestes residuales de la ultraderecha católica: e-cristians, legionarios de Cristo, Opus Dei, etc., con suscolegios de pago, donde usan todas sus viejas artes para adoctrinar y conseguir personalidades frustradas, moralmente idiotas. Cuentan también con emisoras de radio, y con todos los locales y obras de arte acumulados durante siglos. Hoy, además, con la ayuda de dinero público que hace rentables sus negocios: desde las escuelas a los monumentos artísticos visitables.

Ahora Ratzinger se empeña en insistir en la resurrección de un torturado y ajusticiado ideólogo de las gentes sencillas (también tendríamos que creer, según eso, que Elías subió “a los cielos” en un hermoso carro de fuego). La predicación de Jesús de Nazaret es tergiversada a diario por las jerarquías de la iglesia católica. Pero el Sermón de la Montaña es uno de los textos inspiradores de la antigua lucha emancipatoria en su tradición europea.

Parece que lo último de lo último de la iglesia católica española es una campaña contra el derecho a morir dignamente. Cuando las tímidas normas de eutanasia empiezan a ser discutidas.

La verdad, si ellos no quieren la eutanasia, que vayan a su bola. Pero que dejen morirse en paz a los demás.

Marzo de 2011.

4/2011

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