Francesc Salgado (ed.)

Manuel Vázquez Montalbán. Obra periodística, 1960-1973. La construcción del columnista

Debate, Barcelona, 2010

Quienes lean habitualmente la revista El Viejo Topo recordarán un artículo, “La veracidad de una información. A propósito de Manuel Vázquez Montalbán, Manuel Sacristán y el PSUC” (núm. 218, 2006, pp. 103-111), en el que Salvador López Arnal se hacía eco de una polémica sobre la supuesta expulsión del PSUC sufrida a comienzos de los años sesenta por un entonces jovencísimo Vázquez Montalbán a manos de Manuel Sacristán. La acusación contra el filósofo la había lanzado el año anterior el periodista Francesc-Marc Álvaro en su libro Els assassins de Franco, apoyándose para ello en declaraciones del historiador Josep Termes. Sin embargo, aunque no cabe duda de que las relaciones personales entre Sacristán y MVM nunca fueron fáciles (prueba de ello es el ácido retrato que el último hiciera del primero en Asesinato en el Comité Central, donde el filósofo aparece encarnado en la figura de Justo Cerdán), López Arnal demostraba sobradamente en su artículo, basándose en numerosos testimonios de primera mano, que la supuesta expulsión no existió jamás, sino que solamente se creó una falsa célula con la que mantener “bajo observación” al por entonces desconocido periodista. En efecto, MVM había finalizado sus estudios en Madrid en 1960 y había empezado a militar en el PSUC en Barcelona, pero con el problema (nada baladí en aquellos años de fuerte represión policial, clandestinidad estricta y caídas constantes) de que estaba colaborando profesionalmente con dos publicaciones, Solidaridad Nacional y El Español, adscritos a la prensa del “Movimiento”. Alertada por este hecho, la dirección del PSUC encomendó a Manuel Sacristán la tarea de crear una célula de intelectuales ficticia mediante la cual verificar que el nuevo militante no era en realidad un confidente. Las dudas se disiparían finalmente en mayo de 1962, cuando MVM fue detenido en el transcurso de una manifestación en apoyo a las huelgas mineras de Asturias, de resultas de lo cual estuvo encarcelado durante dieciocho meses.

Pues bien: disponemos ya de un volumen en el que se recogen algunos de los artículos escritos por MVM en sus inicios como periodista, en esos años en que su vinculación profesional tantas reticencias suscitó entre sus compañeros de militancia. Desde luego, Manuel Vázquez Montalbán. Obra periodística, 1960-1973 (editado y anotado por Francesc Salgado, profesor de Periodismo de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona) va mucho más allá, pues incluye una selección de los numerosísimos artículos que escribió a lo largo de los años sesenta y principios de los setenta (entre los que cabe destacar los publicados enTriunfo y Tele/eXpres, aquellos que lo lanzarían a la fama), pero los que, por todo lo dicho antes, revisten un interés especial son los que en la obra se recopilan bajo el epígrafe “El debut en la prensa falangista (1960-1962)” (pp. 19-117). Por un lado, están los que MVM publicó en El Español, un semanario madrileño de marcado carácter político y propagandístico (lo había fundado nada menos que Juan Aparicio, y en él escribía asiduamente el propio Franco bajo el seudónimo de Hispanus); acuciado por las necesidades económicas, Vázquez Montalbán empezó a publicar en El Español gracias a un antiguo profesor de la Escuela de Periodismo y, pese a tratarse de artículos de encargo sobre temas más bien insustanciales (salvo uno sobre la designación de Kennedy como candidato demócrata a las elecciones estadounidenses de noviembre de 1960), parece ser que MVM hizo todo lo posible por ocultar esta colaboración profesional a sus amistades más íntimas y, por descontado, a sus compañeros de militancia. Por otro lado, contamos con una selección de los que publicó en el rotativo barcelonés Solidaridad Nacional, que pueden dividirse en dos etapas: al principio, entre el verano de 1960 y el de 1961, elaboró columnas sobre temas tan variados como la historia de Barcelona, la visita de jerarcas franquistas a la ciudad, la concesión de premios literarios o entrevistas con diversos novelistas. No obstante, la escasa afinidad ideológica con la línea editorial del periódico mostrada por MVM en sus escritos (el hecho de que, al formar parte Solidaridad Nacional de la “prensa del Movimiento”, no tuviera que presentarlos a censura previa le permitió, por ejemplo, introducir referencias a la historia de los movimientos revolucionarios barceloneses o mostrarse incisivamente irónico con franquistas confesos como Salvador Dalí) hizo que el director del rotativo falangista, Luys Santa Marina, recelara del joven periodista y lo sometiera a una dura prueba: en julio de 1961 le encargó redactar una serie de artículos sobre los “logros” del Caudillo; aunque Vázquez Montalbán intentó salvar la situación recurriendo de nuevo a la ironía y la hipérbole (véase “XXVI veces amaneció el 18 de julio”, pp. 90-93), serían precisamente estas columnas las que dispararon todas las alarmas entre los dirigentes del PSUC, alentaron la famosa célula “de observación” creada por Manuel Sacristán y condujeron, como el propio Vázquez Montalbán comentaría décadas después en una entrevista, a que “los cerebros más esquemáticos” del partido organizaran “una reunión de clarificación que parecía un juicio a mi conducta”… pero en ningún caso a su expulsión del mismo. Es más, la reacción de MVM fue reforzar la carga ideológica de sus textos (véase “Historia del tranvía barcelonés, nacimiento, vida y muerte”,  con abundantes referencias a las huelgas asociadas a este medio de transporte), lo cual dio pie a que en los meses posteriores Solidaridad Nacional dejara de encargarle más escritos.

Por último, decir que el volumen reseñado aquí es sólo el primero de los tres que el profesor Salgado tiene previsto publicar sobre la obra periodística de Manuel Vázquez Montalbán; está previsto que los otros dos, que abarcarán el período 1974-2003, aparezcan, respectivamente, a principios de 2011 y de 2012.

Carles Mercadal

3/2010

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