Luchino Visconti

La tierra tiembla

Vella Visión, 2009

’Ntoni Valastro y los demás miembros de su familia, pescadores de la población siciliana de Aci Trezza, se tienen que levantar todos los días antes del amanecer para salir a faenar, un trabajo duro y peligroso del que se benefician económicamente sobre todo los mayoristas del pueblo, que, sin arriesgar la vida en alta mar, venden a buen precio en la lonja un pescado por el que a los pescadores les han pagado un precio irrisorio. Así ha sido desde tiempos inmemoriales, pero ’Ntoni no está dispuesto a seguir aceptando mansamente la situación y decide independizarse de los mayoristas: se compra una barca tras hipotecar la casa familiar y todo parece ir viento en popa cuando un golpe de suerte depara una importante captura a la familia Valastro. Sin embargo, esa no será sino la antesala del descenso a los infiernos: tras echar a perder la barca en medio de un fuerte temporal, ’Ntoni y su familia se verán abocados a la pobreza más absoluta, tendrán que malvender sus anchoas en salazón a los inescrupulosos mayoristas —en cuyo local la pintura de la pared todavía deja entrever sus inclinaciones mussolinianas— y, acosados por el banco, se verán obligados a abandonar la modestísima casa que les ha dado cobijo durante generaciones. 

La tierra tiembla (1948), el segundo largometraje de Luchino Visconti, es sin duda una de las obras cumbre del neorrealismo italiano, amén de una de las más bellas desde el punto de vista estilístico. El año anterior, el PCI había asignado un pequeño presupuesto al entonces joven cineasta para que viajara a Sicilia y rodara una trilogía sobre los campesinos, los mineros del azogue y los pescadores de la región. Desafortunadamente, los problemas de producción ocasionaron que Visconti sólo pudiera finalizar el episodio dedicado a estos últimos, lo cual privó al espectador de un tríptico fílmico con clara intención pedagógico-política. Así, si bien el episodio inicial sobre los pescadores rezuma ciertamente pesimismo por los cuatro costados —puede llegar a parecer que Visconti quiere aleccionarnos sobre la futilidad de rebelarse contra la explotación—, la intención del director milanés era completar el retablo político-social con un episodio final marcado por el triunfo de la acción colectiva; en cualquier caso, las bases argumentales del malogrado proyecto ya estaban sentadas: ante la explotación y la injusticia de bien poco sirven la acción puramente individual o las ansias pequeño-burguesas de ascenso en la escala social.

 

Carles Mercadal

10/2009

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