Daniele Ganser

Gli eserciti segreti della NATO. Operazione Gladio e terrorismo in Europa occidentale

Fazi Editore, Roma, 2008, 454 págs.

El 24 de diciembre de 1990, en las postrimerías de la guerra fría, el Parlamento Europeo aprobó una Resolución en la que denunciaba la existencia de una red paramilitar clandestina dependiente de la OTAN. Se afirmaba en ella que esa red no estaba sujeta a ningún control democrático, que había interferido gravemente en los asuntos políticos de varios Estados de la Europa occidental y que había pruebas claras de su participación en acciones terroristas. La Resolución recomendaba a los Estados de la UE la creación de comisiones parlamentarias para investigar este oscuro asunto. Respondiendo a este llamamiento y a la presión de la opinión pública, se llevaron a cabo sendas investigaciones parlamentarias y/o periodísticas en varios países europeos que completaron las informaciones obtenidas a partir de diversos procesos judiciales (en especial los celebrados en Italia, donde estalló el escándalo a raíz de unas declaraciones explosivas de Giulio Andreotti y Francesco Cossiga en las que ambos reconocían la existencia de dicha red). El historiador suizo Daniele Ganser, basándose en esa información, ha escrito un libro imprescindible para conocer sin anteojeras ideológicas la reciente historia de Europa. Si los europeos del este padecieron al KGB, a la Stasi y a otras agencias de seguridad similares, los europeos del oeste padecieron (y siguen padeciendo) a la CIA, al MI-6, al CESID y a otros servicios secretos por el estilo, y además a la red Gladio de la OTAN. Su función fue siempre la misma: combatir al comunismo entendido como cualquier corriente ideológica que, en nombre de la igualdad y la fraternidad, supusiese una amenaza para la pervivencia del capitalismo. Eso incluía los planes para una eventual guerra de guerrillas tras una hipotética invasión soviética y la intervención en la vida política interna con el objetivo de impedir el acceso democrático al poder de los partidos comunistas occidentales. Para ello se recurrió a acciones de desinformación y manipulación de la opinión pública como, significativamente, el false flag terrorism o terrorismo de falsa bandera. El terrorismo de falsa bandera es una estrategia de control de las poblaciones tan antigua como los Estados: alguien (inducido o por propia iniciativa) comete un atentado y a continuación los servicios estatales de información le colocan la bandera ―es decir le atribuyen la autoría― que más les conviene para alcanzar unos determinados fines políticos como, por ejemplo, desacreditar a determinados partidos y organizaciones, ganar una elecciones, generar sensación de caos para legitimar políticas de mano dura o bien crear una corriente de opinión favorable a una intervención militar imperialista que, por serlo, es difícil que sea aceptada por la población gobernada. Los autores materiales pueden ser funcionarios a sueldo, confidentes policiales de origen lumpen, ultraderechistas teledirigidos (los preferidos por la OTAN, incluidos antiguos SS), fanáticos islamistas o jóvenes de extrema izquierda borrachos de verborrea sobre las virtudes purificadoras de la “violencia revolucionaria”. Ganser ha reunido información contrastada sobre la actuación de la red Gladio en Italia, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, España, Portugal, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega, Alemania, Grecia, Turquía, Suecia, Finlandia, Suiza y Austria (que el país formara parte o no de la OTAN era irrelevante para los cerebros de la operación). En abril de 2009, la OTAN celebrará por todo lo alto el 60 aniversario de su fundación. La traducción a cualquiera de las lenguas peninsulares de este libro riguroso y documentado sería un excelente regalo de cumpleaños.

 

José Luis Gordillo

1/2009

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