Ingeniería genética y seguridad alimentaria

José A. Estévez Araújo

La Unión Europea ha levantado la prohibición de importar y comercializar nuevos productos transgénicos, cediendo a las presiones de las multinacionales del sector y de Estados Unidos. Ante esta "rendición" europea frente a los intereses de las poderosas industrias biotecnológicas, resulta más recomendable que nunca la lectura de los trabajos de Vandana Shiva. La activista, de nacionalidad india, ha liderado campañas contra la "patentabilidad" de la vida o contra el modelo de explotación agrícola que el neoliberalismo quiere imponer en todo el mundo y es un punto de referencia del movimiento por una globalización alternativa. A su activismo militante, Vandana Shiva une una sólida formación científica, lo que la convierte en una fuente insustituible de orientación cuando se trata de problemas que conllevan cuestiones técnicas complejas, como el de la ingeniería genética.

En España se acaba de publicar la traducción de un libro suyo titulado Cosecha robada. El secuestro del suministro mundial de alimentos (Paidós). A efectos del tema que nos interesa aquí, resulta especialmente relevante el capítulo 6, del que esta nota toma el título: "Ingeniería genética y seguridad alimentaria". En este capítulo, la doctora Shiva se dedica a desmontar con contundencia los diferentes mitos que la industria biotecnológica (especialmente la empresa Monsanto) ha ido propagando acerca de los cultivos y alimentos transgénicos.

Uno de esos mitos es que las plantas transgénicas reducirán el uso de herbicidas, con lo que disminuirán los costes para los agricultores y serán más sanos los alimentos que consumamos. Este mito queda contradicho por el hecho de que más de la mitad de las variedades de cultivos transgénicos existentes hoy en día son plantas modificadas genéticamente con el fin de aumentar su resistencia a los herbicidas. En particular, Monsanto produce una variedad de soja transgénica, la "Roundup ready", diseñada específicamente para ser más resistente al herbicida que produce la propia Monsanto: el Roundup. Resulta difícil creer que el objetivo de diseñar plantas resistentes al herbicida que la misma empresa produce sea disminuir el uso de ese producto. Más bien parece que se trata de lo contrario: de que se pueda usar más herbicida contra las malas hierbas, sin que la planta cultivada resulte dañada.

Otro mito difundido por las empresas biotecnológicas es que los alimentos transgénicos son absolutamente seguros para el consumo humano y que a este respecto no se diferencian en nada de las variedades "naturales". Sin embargo, las pruebas que se realizan antes de autorizar la comercialización de semillas o productos transgénicos no suelen incluir tests relevantes acerca de sus efectos sobre la salud humana y algunos científicos independientes han puesto de manifiesto una serie de peligros ciertos, a veces perdiendo su propio puesto de trabajo por ello. Así, se ha probado que los alimentos transgénicos producen alergias, que aumentan la resistencia a los antibióticos en los seres humanos, que pueden transferir esa mayor resistencia a bacterias patógenas y que son capaces de provocar la aparición de nuevos virus.

El mundo de los organismos genéticamente modificados es, pues, un terreno más en el que prima el ánimo de lucro sobre el principio de precaución. Ahora que las instituciones europeas han cedido, será más necesario que nunca que los ciudadanos se conciencien acerca del peligro que conlleva el consumo de productos transgénicos. Y para estar bien informados, trabajos como el de Vandana Shiva resultan de valor inapreciable.

9/2003

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