Notas post-electorales

Juan Ramón Capella

A estas alturas todo el mundo habrá echado cuentas con los resultados de las elecciones.

El PP ha retrocedido pero no ha sufrido un descalabro. Para entender la recuperación de la derecha lo primero que me viene a la cabeza es lo ocurrido en Francia después de Mayo de 1968: en julio, en la inmediata cita electoral, la derecha arrolló. Una movilización social de envergadura, como ha sido entre nosotros la movilización contra la guerra, también acaba suscitando la reacción contraria del otro bando. No hay que olvidar nunca que la política de la derecha genera las condiciones de su propia "verificación". Y este país, y durante el período de funcionamiento del sistema de libertades, no ha hecho más que americanizarse en todo. Está clara, creo yo, la política de la derecha: reducción de los espacios de libertad, recortes sociales, uso de los medios de manipulación de masas, alineamiento con la política de las multinacionales y del imperio. Ante todo esto, ¿cuál es la política de la izquierda? Ésta es la primera cuestión.

Los resultados electorales del País Vasco ponen en solfa muchas cosas. Ante todo dejan en ridículo una vez más la política del Partido Popular. El empeño en ilegalizar en cualquier caso el equivalente político del Sinn Fein en el País Vasco, instrumentado de un modo harto dudoso desde el punto de vista de la legalidad ­con magistrados que recurren un concepto tan atrápalotodo como el de "entramado" para vestir judicialmente decisiones políticas­, se ha traducido en más de ciento veinte mil votos nulos. Ciento veinte mil personas no han visto reconocida su opción política por una decisión ad hoc del Parlamento español a propósito de un grupo político implantado únicamente en territorios con hablantes vascos. Un nuevo agravio que añadir a una larga lista.

El PSOE tendrá que replantear su simplista política vasca. Una cosa es combatir la violencia de ETA ­lo que ha de hacerse necesariamente; si no, apaga las libertades y vámonos­ y otra apoyar en todo al PP. También Izquierda Unida tendrá que replantearse las cosas: debe examinar si sigue en el gobierno vasco o si sólo lo apoya en la cámara. Sobre todo a la vista del negativo impacto electoral que esa política de IU genera fuera de Euskadi. IU ¿tiene formada opinión acerca del camino de la pacificación vasca? Si la tiene, valdría la pena que la explicara. Toda la izquierda democrática debe aclarar a la población cómo pretende lograr la pacificación de Euskadi.

Una cuestión importante: los jóvenes ¿votan? O ya ni eso, escamados del mundo que sus mayores han sido incapaces de impedir. No nos vendría mal un poco de análisis empírico que entrara en el detalle del asunto. Quienes no votan ni pueden votar son los metecos, los trabajadores de raíz extranjera, a quienes se les niega, entre otras muchas cosas, los derechos de la ciudadanía.

La televisión: los medios de manipulación de masas han trabajado de firme en los últimos tiempos. Desde el punto de vista de la opinión que nos hacemos del sistema político, nada lo desprestigia tanto como la falta de ecuanimidad informativa de la televisión pública y la desesperanza de que con un cambio político pueda cambiar algo más que el signo de su parcialidad. ¿Quién le pondrá un nuevo estatuto, efectivamente respetuoso con los derechos de todos, a toda la televisión?

El lema "Otro mundo es posible" ha sido plagiado ya por la publicidad, imitándola con la forma "X (lo que sea) es posible". Si las cosas siguen así, el lema nos parecerá dentro de poco un eslogan publicitario más. Falta ver si los buenos propósitos de democracia participativa manifestados por las formaciones de la izquierda se traducen en prácticas tangibles o se quedan en eso: en algo destinado a ser masticado, transformado y vomitado por la publicidad hasta hacerlo irreconocible.

6/2003

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