Noam Chomsky

América Latina y Asia por fin libres de las garras de Washington

La perspectiva de que Europa y Asia puedan tender hacia una mayor independencia preocupa a los estrategas americanos desde la segunda guerra mundial. Sus tribulaciones han aumentado a medida que ha evolucionado la “relación tripolar”: Europa, América del Norte y Asia.

También América Latina está aumentando día a día su independencia. Ahora Asia y las Américas están fortaleciendo sus lazos mientras la superpotencia reinante, la excepción, se consume en las desgracias de Oriente Medio.

La integración regional en Asia y América Latina es una cuestión crucial y cada vez más importante que, desde la perspectiva de Washington, presagia un mundo rebelde y fuera de su control. La energía, desde luego, sigue siendo un factor decisivo —y motivo de disputa— en todas partes.

China, a diferencia de Europa, se niega a dejarse intimidar por Washington, una razón elemental para el miedo a China de los estrategas americanos y que conlleva un problema: los pasos hacia la confrontación son inhibidos por la confianza de la sociedad americana en China como plataforma de exportación y como mercado potencial, así como por las reservas financieras de China, proporcionalmente equivalentes a las de Japón.

El Wall Street Journal informa que la visita a Pekín el pasado enero del Rey Abdullah de Arabia Saudita desembocará en una declaración de colaboración chino-saudita, animando al “aumento de la cooperación e inversión entre los dos países en cuestiones como petróleo, gas natural y financiación”.

Una gran parte del petróleo iraní se exporta a China. Y China le proporciona a Irán armas que probablemente ambos estados consideran disuasorias para los planes de EE.UU. India también tiene opciones: puede escoger entre ser cliente de EE.UU. o puede preferir unirse al bloque asiático que se está formando, más independiente y con mayores lazos con los productores de petróleo de Oriente Medio. Siddharth Varadarjan, editor de The Hindu, observa que “para que el siglo XXI sea ‘el siglo asiático’, la pasividad de Asia en el sector energético tiene que acabar”.

La clave es la cooperación de India y China. En enero, un acuerdo firmado en Pekín “dejó expedito el camino para la colaboración de India y China no sólo en lo referente a tecnología sino también en la exploración y producción de hidrocarburos. Una colaboración que en el futuro podría alterar decididamente las relaciones mundiales del sector del gas natural y del petróleo”, señala Varadarjan.

Un paso más, que también se está considerando, es un mercado petrolífero asiático que comercie en euros. El impacto en el sistema financiero internacional y el equilibrio de poder global podría ser muy importante. No debería sorprender que el presidente Bush hiciera recientemente una visita a la India para intentar mantenerla en el redil, ofreciendo cooperación nuclear y otros alicientes como señuelo.

Entretanto, en América Latina se imponen gobiernos de centro-izquierda de Venezuela a Argentina. Las poblaciones indígenas son ahora mucho más activas e influyentes, especialmente en Bolivia y Ecuador, donde pretenden que el petróleo y el gas estén bajo control nacional o incluso, en algunos casos, se oponen a su producción.

Muchos indígenas no ven ninguna razón por la que deban destruirse o romperse sus vidas, sociedades y culturas para que los neoyorquinos puedan seguir sentados en sus todoterrenos en un atasco de tráfico.

Venezuela, el principal exportador de petróleo del hemisferio, que ha forjado probablemente las relaciones más cercanas a China de todos los países latinoamericanos, está planeando vender cantidades cada vez mayores de petróleo a China en su esfuerzo por reducir la dependencia del gobierno de EE.UU., abiertamente hostil.

Venezuela se ha integrado en el Mercosur, la unión aduanera suramericana. Un paso descrito por Néstor Kirchner, el presidente Argentino, como “un hito” en el desarrollo de este bloque comercial. El presidente brasileño, Luiz Inacio da Silva, “Lula”, le dio la bienvenida como un “nuevo capítulo de nuestra integración”.

Venezuela, aparte de abastecer a Argentina con gasoil, adquirió casi una tercera parte de la deuda Argentina emitida en 2005, una muestra del esfuerzo regional para liberar a los países de los controles del FMI, después de dos décadas de desastrosa sumisión a las reglas impuestas por las instituciones financieras internacionales dominadas por los EE.UU.

Un nuevo paso hacia la integración del Cono Sur (los estados del sur de Suramérica) se dio en diciembre con la elección en Bolivia de Evo Morales, el primer presidente indígena del país. Morales actuó rápidamente para alcanzar una serie de acuerdos energéticos con Venezuela. The Financial Times informó que “se espera que los acuerdos apuntalen las futuras reformas radicales de la economía de Bolivia y su sector energético” con sus enormes reservas de gas, sólo superadas — en Suramérica— por Venezuela.

Las relaciones entre Cuba y Venezuela son más intensas que nunca, gracias a las ventajas que les proporciona. Venezuela sirve petróleo barato. A cambio, Cuba organiza programas de alfabetización y de salud, enviando a miles de profesionales muy experimentados, maestros y médicos, que trabajan en las zonas más pobres y más abandonadas, como lo hacen en cualquier punto del tercer mundo.

La ayuda médica cubana también es bien recibida en muchos otros lugares. Una de las tragedias más horrendas de los últimos años fue el terremoto de Pakistán del pasado octubre. Además del coste en vidas, produjo un número indeterminado de supervivientes que tienen que hacer frente a un invierno brutal sin refugio, alimentos o ayuda médica.

"Cuba le ha proporcionado a Pakistán el mayor contingente de médicos y enfermeros”, haciéndose cargo de todos los costes (quizás con financiación venezolana), escribe a John Cherian en la revista India’s Frontline, citando a Dawn, el principal diario pakistaní.

El presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, expresó su “profunda gratitud” a Fidel Castro por el “espíritu y compasión” de los equipos médicos cubanos, formados por más de 1.000 especialistas, el 44% de ellos mujeres, que seguían trabajando en remotos pueblos de montaña “alojados en tiendas, con una temperatura glacial y en una cultura extranjera”, cuando los equipos de ayuda occidentales ya se habían retirado.

El crecimiento de los movimientos populares, principalmente en el sur pero con cada vez mayor participación en los países industriales ricos, es la base del desarrollo de una mayor independencia e interés por las necesidades de la gran mayoría de la población.

[Fuente: Znet, http://www.zcommunications.org/znet. Texto proporcionado por Agustí Roig. Traducción de Víctor Cassi]

16/3/2006

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