¿Quién conoce a Bubakar Diallo?

Joaquim Sempere

Bubakar Diallo es uno de los dos niños senegaleses que resultaron muertos por accidente días atrás durante el rally Lisboa-Dakar. Del otro se desconoce el nombre. Los organizadores se han justificado diciendo que la seguridad ha mejorado: ahora queda pendiente “la educación del público”. Los dos muertos de este año no han merecido ningún gesto, a diferencia de dos muertos más ilustres —éstos europeos: Thierry Sabine, el inventor del rally, y Daniel Belavoine, muertos hace 20 años al estrellarse el helicóptero en que viajaban—, cuya pérdida ha sido conmemorada este año justamente. De hecho ya han muerto 31 personas en total durante las 28 ediciones (¿cuántos africanos?, la mayoría...). Ya se sabe, los deportes de riesgo se cobran tarde o temprano sus víctimas. El problema es que aquí las víctimas no son los que disfrutan del festival, descargan su adrenalina y se llevan su recompensa, sino unos espectadores tal vez ilusionados, pero también atónitos ante la exhibición de un lujo tecnológico insultante, aunque seductor. El Dakar es una muestra impúdica y prepotente del desprecio europeo por África. El automóvil, uno de los fetiches de una civilización despilfarradora, se exhibe sin pudor ante los ojos de quienes carecen de todo, exaltando una máquina cuyo uso habría que embridar y no jalear. El Dakar es un símbolo del despropósito, la petulancia, la irresponsabilidad de nuestra sociedad. ¿Cuándo acabaremos con él?

2/2006

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