De luna a luna. Crónica crítica. Abril de 2005

Juan-Ramón Capella

Aniversario de la República

Aniversario de la República derribada por los militares y la derecha. Este año se ha notado un poco más este aniversario. Izquierda Unida y el PCE han trabajado para eso. Rectifican así el increíble pucherazo de Carrillo al aceptar sin más la monarquía y la bandera bicolor.

En mi balcón luce hoy la roja, amarilla y morada. No hay que hacer mucho caso de las banderas, salvo de las que enarbolan los oprimidos o las que han sido derrotadas por los opresores.

Elecciones vascas

Sale muy tocado el PP. La derecha crispadora es vista por una parte de los vascos como un elemento que dificulta políticamente hallar una vía de solución al problema de la violencia.

Sale tocado el Plan Ibarretxe, que habrá que negociar de verdad con los demás grupos.

Y sale tocado Madrazo, ese oportunista político que ha dejado hundida por mucho tiempo a EB en el País Vasco. Quizá aún no se ve, pero al tiempo. Quizá haya que dar gracias a la Divina Providencia.

Ahora la peor idea sería "negociar" con Eta. Eta sólo sabe negociar poniendo muertos encima de la mesa, pues los muertos son su único argumento.

Por otra parte no hay que hacerse ilusiones acerca de un rápido final de la violencia. La prédica de Eta ha sido durante tantos años tan fundamentalista que si su dirección iniciara el viraje para dejar las armas la organización se rompería. Entre esa gente siempre habrá fanáticos que preferirán echarse al monte.

La peligrosa derecha y la eutanasia

Sigue el lío montado por las autoridades de la Comunidad de Madrid en torno a las sedaciones a enfermos terminales. No se les ha ocurrido nada mejor que secuestrar los historiales clínicos de los pacientes del hospital de Leganés.

Cualquier autoridad política puede arrojar sospechas sobre los médicos. Estos profesionales se equivocan a veces, como todos. Y todo el mundo ha visto a familiares de fallecidos echar neuróticamente, incluso calumniosamente, la culpa a los médicos, recurso más fácil que denunciar a las autoridades una mala práctica hipotética. Quiero decir que siempre le será fácil a una autoridad política encontrar una "base de apoyo" para cargar contra los profesionales de la sanidad. No hay que dejarse enredar por la bola de nieve de sospechas que ha echado a rodar el PP de Madrid, que gobierna esa comunidad —recordemos— gracias a unos votos de tránsfugas, de sinvergüenzas vinculados a las mafias del ladrillo.

El PP empieza a darme miedo de verdad. Hasta ahora no me gustaban; con Aznar la cosa se puso mal, pero era evidente que el abogadillo pretencioso acabaría por estrellarse. Ahora, sin embargo, el equipo dirigente del PP —Rajoy, Zaplana, Acebes, Aguirre— empieza a ser un Aznar colectivo. Lo que ha amparado Aguirre en la Comunidad de Madrid con el Clínico de Leganés indica lo que pueden hacer si vuelven al poder. Esta derecha no es equiparable a la derecha francesa, por ejemplo: es mucho más protofascista. Por eso no hay que perdonarle ni una: para domesticarla.

Hacen papa al Gran Inquisidor

El cuerpo electoral cardenalicio fabricado por Wojtila en sus veintitantos años de monarquía absolutista ha hecho papa al Gran Inquisidor. Este pontificado, presumiblemente breve, se inicia en realidad antes de la elección, con la prédica fundamentalista de Ratzinger. La Iglesia-Organización —una institución de cara hosca que se apoya en las congregaciones de creyentes—, dada su propia incapacidad de creación doctrinal actual —que sin embargo tuvo en el pasado— para afrontar el babélico y barbarizado mundo contemporáneo, recurre hoy al fundamentalismo fideísta de Ratzinger ya que no es fácil igualar siquiera el listón telegénico de Wojtila. Ni uno ni otro han destacado por la vieja virtud de los cristianos: la caridad. Tampoco alimentan la esperanza: ésa estaba del lado de la teología de la liberación que entre ambos machacaron. Lo suyo es la fe. Para reírse, si «los pastores» no fueran tan poderosos todavía.

Para llorar, esos hombres que visten de otro tiempo y que o creen en «otra vida» después de la muerte o fingen creer en ella. [Ciertamente, hay otra idea religiosa que no es ninguna de esas dos cosas: la que ve a «Dios» o «la vida eterna» como metáforas mundanas en que apoyar especulativamente una sociabilidad compasiva. Pero ésta, por lo que tienen declarado, no es la religiosidad de Wojtila ni la de Ratzinger.] Para llorar, pues, por sus promesas de castidad, sus miedos, sus ceremonias, sus jerarquías. Viven en un universo que quedó herido hace dos siglos y que sobrevive en las zonas más tradicionales y retardatarias, o más golpeadas, de las inseguras sociedades actuales. Sus ministros, ministros de la nada, son iguales que los ayatollahs cuando no tienen poder político. El mismo empecinamiento en congelar el tiempo; la inútil tentativa de borrar 1792.

Es precisamente la política lo que hace peligrosos a los pontífices romanos. Wojtila no vio problema en caucionar a Pinochet ni a Videla al viajar a los países sojuzgados por ellos para promover allí su propia cuenta de resultados. Mientras, los arrojados vivos a las heladas aguas del Atlántico Sur llevaban la bendición de los sacerdotes castrenses. ¿De qué sirve, pregunto yo, que los papas pidan perdón por las maldades de ayer (que ellos llaman pecados) si siguen siendo los cómplices de los crímenes de hoy?

Ratzinger está ahora al frente de la Iglesia romana para emprender una cruzada contra el mundo laico. Una cruzada apoyada en movimientos e instituciones de espíritu tan democrático como los Legionarios de Cristo, el Opus Dei o Comunión y Liberación.

Cierto: los dirigentes políticos y económicos del mundo, con rarísimas y muy coyunturales excepciones, tampoco contribuyen, precisamente, a la habitabilidad de la Babel contemporánea. Pero ésa no es la cuestión. La cuestión es que los curas pretenden de nuevo invadir la vida civil. Ahí les tenemos, criticando la legislación civil sobre el matrimonio que admite las uniones homosexuales, por un lado, mientras por otro amparan de la ley penal a obispos y sacerdotes que cometen abusos con menores, homosexuales y no.

Las campanas de las iglesias volvieron a tañer con Wojtila, burlándose tanto de las creencias de los demás como de las modestas normas municipales sobre el ruido, y se lo hemos tolerado. Ahora, montada en su escoba de «fe» fundamentalista, la jerarquía eclesiástica tratará de reimponer, con discursos intolerantes y emocionalistas, la sociedad tradicional: contra los homosexuales, contra las mujeres y sus necesidades, contra el uso del preservativo siquiera profiláctico, inmiscuyéndose en la legislación sobre el aborto y hasta llamando nada menos que a la desobediencia civil.

No hay que darles ni cien días de tregua. El laicismo debe volver a ser militante para contener esa ofensiva: ridiculizándola, mostrando su extemporaneidad profunda, su falta de piedad, de consideración para con las personas. O vendrán males mayores, porque el desguarnecido mundo de la globalización neoliberal da alas a todos los fundamentalismos.

Recordemos para empezar: de nuestros impuestos se le pagan a la Iglesia española millones y millones de euros cada año. Esto no se puede soportar ya.

Frente al nuevo Inquisidor hemos de enrocarnos también nosotros en el fundamentalismo democrático.

Extrema derecha otra vez

La agresión de la extrema derecha al nonagenario Santiago Carrillo sólo puede producirse en el clima que está creando el Partido Popular.

Puritanismo antitabaco como síntoma

De repente a la Unión Europea le ha dado por el fundamentalismo antitabaquista. Se pasa de la permisividad casi completa (ya en los años cuarenta estaba prohibido fumar en los transportes públicos) a la persecución dura. ¿Por qué no avisaron de su proyecto puritano en la hora electoral?

Es cierto que algo había que hacer con el tabaquismo endémico. Lo primero, establecer reglas públicas de respeto hacia los demás, dar información útil a los fumadores y financiar centros de ayuda a la desintoxicación nicotínica. Por cierto: el que había en el Hospital Clínico barcelonés tuvo que cerrar hace más de un año por falta de fondos públicos. Como todo el mundo sabe, los fumadores pagan más por impuestos que por el tabaco. ¿Adónde van a parar esos impuestos? ¿Financian acaso los almuerzos de la clase política?

Esta pseudodemocracia da para eso.

Cosas que nunca te dije

Permitidme hablar de los políticos municipales de Barcelona.

Aún gobierna Clos, que después del Forum y de lo del Carmelo está políticamente muerto y no parece darse cuenta nadie. Como el PSC no le reemplazará a tiempo, habrá mayoría consistorial de derechas en las próximas municipales.

Pero eso no mejorará las cosas. Incluso podrá empeorarlas.

Ejemplo de la política municipal barcelonesa: quieren que el AVE llegue al aeropuerto. Esa era la petición casi unánime de la clase política municipal y de la Generalitat. Y uno se pregunta: ¿para qué ha de ir el AVE al aeropuerto, si no vuela? ¿Quiénes son esas criaturas hipotéticas ansiosas de saltar de un avión al AVE o del AVE a un avión?

Más prosaicamente: a diferencia de lo que ocurre en Madrid, donde puedes ir a Barajas desde la parada de Metro más cercana, en Barcelona los transportes al aeropuerto conducen directamente a la desesperación. Hay bus escasamente fiable, desde la plaza de Cataluña, y una línea de Renfe desde Sants —para qué vamos a hablar—. Gracias a eso la gente prefiere tomar un taxi (de 18 a 30 euros) o ir en coche a rondar el atestado aparcamiento del aeródromo (3.000 ptas. como mínimo). Pues bien: en treinta años de democracia los munícipes no han sido capaces de solucionar el puto problema.

Ellos viven en Palacio, y nosotros fuera.

Algo cambia en la Tele estatal

Los telediarios de TVE ya no parecen la voz de su amo. Algo cambia, pero más ha de cambiar. Además, falta un Estatuto que salvaguarde a los periodistas de las presiones gubernamentales.

IVA

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4/2005

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