Elfriede Jelineck

Las amantes

El Aleph, Barcelona, 2004, 185 págs.

Publicada en 1975 en alemán, se traduce ahora al castellano, con motivo de la concesión del premio Nobel a su autora, esta novela cuyo argumento se centra en dos mujeres. Narra dos historias paralelas que personifican, cada una de ellas por separado, la adhesión incondicional a un destino posible: el que corresponde a la categoría de "mujeres para casarse", en una pequeña población de Austria.

La novela empieza en una fábrica y termina en una fábrica. En el prefacio, la autora pregunta: "¿conocen ese hermoso país con sus valles y colinas?" Y repite la misma pregunta en el epílogo. Ese país naturalmente es Austria, donde se sitúa el relato que da cuenta, mediante breves episodios que se alternan independientemente (de cuatro o cinco páginas), del afán de dos mujeres por adquirir la condición de amantes esposas y madres. Sólo en el capítulo dedicado a la boda mezcla ambos destinos. Y es que ése es el momento en el que de verdad se produce el desenlace de esta parodia de "novela rosa". Cabría calificarla incluso de "novela negra", aunque no aparezca ningún asesino, y el crimen sea difícilmente denunciable. En efecto, no hay más crimen que la muerte de otras vidas posibles, ni más asesino que la falsa violencia natural, es decir, la violencia social.

Tiene mucha importancia, en alemán, el estilo al que recurre la autora: la sistemática supresión de mayúsculas y las frases breves. Con un lenguaje conciso aunque de extraordinaria precisión narrativa, describe, al hilo de esas dos historias de búsqueda del amor como medio para llegar a ser, la sordidez de diferentes ambientes familiares, los tópicos sobre la maternidad, la vaciedad y miseria sentimental de los "contraprotagonistas" que son los dos hombres del lugar, objeto de ese persistente impulso amoroso de las protagonistas.

De modo que ahí todos, hombres y mujeres, siguen los pasos previamente programados de una existencia sin más libertad que la de aferrarse al sin sentido de sus existencias, aunque claro está que son las mujeres las que se llevan la peor parte del reparto de fracasos, debido a su amor por el destino social.

María Rosa Borrás

1/4/2005

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