Xosé M. Núñez Seixas

Suspiros de España

El nacionalismo español. 1808-2018

Crítica, Barcelona, 2018, 224 págs.

Un buen manual para orientarse en el laberinto de las identidades

Partiendo del protagonismo, tan exagerado como interesado, que ha adquirido la llamada cuestión nacional en España a partir del estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008, la necesidad de una obra como ésta, que presentase una visión crítica y lo más objetiva posible del calificado como problema nacional español, se hacía notar. Esa necesidad hace el libro de del profesor Núñez Seijas recomendable por partida doble.

En primer lugar, por su aportación: presenta un análisis lo más objetivo y sintético posible de un tema en el que objetividad y síntesis son difíciles. Es un dato muy repetido en la generalización del discurso nacionalista la cuestión de los sentimientos colectivos; introducir racionalidad y método nunca está de más en un campo en el que el imperativo de comprender y explicar puede fácilmente disparar un texto por encima de las 500 páginas.

Por eso es de agradecer la contención de la obra, aunque se eche en falta una profundización en puntos que podrían ser importantes para ilustrar el período temporal de referencia, el que va de 1975 a 2018; un ejemplo de esa limitación es el caso del interesante análisis de las dos variables del nacionalismo español en el siglo XIX, las que, a partir de la eclosión nacionalista que supone la llamada guerra de la Independencia (1808-1814), se despliegan en el liberalismo isabelino y el tradicionalismo carlista. Un desarrollo que, aunque hubiese supuesto más extensión, hubiese dado referentes para entender la eclosión de todas las ideologías nacionalistas hispanas, y hubiese ilustradio el eco de largo alcance que tiene en el breve (sólo 8 años), pero importante período que va del inicio de la Segunda República hasta el final de la guerra civil. El siglo XIX hubiese merecido un capítulo propio.

Pero esa limitación impuesta por la síntesis se compensa de sobras en el enfoque. Lo que lleva al segundo motivo de recomendación, un tratamiento del nacionalismo español (de los nacionalismos, podríamos decir) en el contexto histórico en que se constituye, desvinculado de premisas historicistas. En efecto, 1808 marca la fecha de referencia a partir de la que comienza el progreso de las nacionalizaciones. Ello explica que la extensión de los apartados siga una progresión creciente e inversamente proporcional a la duración del período analizado; 14 páginas para los 300 años en que no existe el nacionalismo como ideología sino difusos sentimientos de identidad u oposición vinculados a las clases nobiliarias, el tiempo que va del auge a la decadencia imperial de Austrias y Borbones, incluyendo la primera gran crisis del nacionalismo español en 1898; 19 páginas para los 38 años que van de 1898 al inicio de la guerra civil; luego 12 páginas para cubrir 39 años que incluyen la guerra civil y la dictadura del general Franco y, finalmente, las 103 páginas que analizan el período entre 1975 y 2018.

El libro aporta elementos puntuales de gran interés, y un desarrollo sistemático de las variables que permiten interpretar el nacionalismo español actual. Entre los primeros cabe señalar tres: la idea, ya comentada, del hilo que conecta las dos versiones nacionalistas del siglo XIX con las estrategias persuasivas y coactivas del bando republicano y el fascista en la guerra civil; el papel que jugó la victoria sobre el nazismo en la cohesión, legitimación y vertebración de los nacionalismos de Estado europeos, lo que explica una carencia que arrastra el nacionalismo de Estado español, y que se traduce en el enorme agujero de legitimación que supone para el nacionalismo difuso la resistencia de las derechas a condenar la dictadura del general Franco (lo que, al margen de la calidad democrática, explica las dificultades para homogeneizarse con los nacionalismos de Estado difusos del resto de Europa occidental) y, tercero, el papel clave que, paradójicamente, han jugado los nacionalismos periféricos (vascos, catalanes y, en menor medida, gallegos) en la consolidación de la identidad nacionalista española y su militancia política.

El bloque principal, el desarrollo sistemático de las variables políticas del nacionalismo español entre 1975 y 2018 es un compendio útil para orientarse en el galimatías y el tremendismo discursivo (identidad, cultura, nación, nacionalidad, patria, esencias, carácter, enemigo, destrucción, etc.) que caracteriza a todas estas ideologías al margen de los colores de la bandera que las enmarque, pero, sobre todo, presenta un organigrama muy detallado de limitaciones y potencialidades. Aunque, por otra parte, la decisión de desarrrollar el análisis de este período en clave derechas-izquierdas sería lo más cuestionable, no sólo porque las pautas de identidad que impone la ideología nacionalista traspasan esa clasificación (muy relativa, por otra parte, en estos tiempos de hegemonía compartida del neoliberalismo), sino también por la claridad expositiva.

Así, mientras que la gradación de la intensidad del discurso españolista en las llamadas derechas resulta clarificadora, ya que todas tienen como punto de referencia el mayor o menor grado de cuestionamiento de las pautas impuestas por la dictadura franquista, cuando se intenta establecer una clasificación en las denominadas izquierdas se entra en una cierta confusión, consecuencia de una especien de cuadratura del círculo. Porque se trata —nada más y nada menos— de reelaborar el nacionalismo español desde una posición inclusiva de los otros nacionalismos que actúan en España y que, precisamente, tienen en el cuestionamiento de ese nacionalismo la clave de su identidad; lo que dado el carácter esotérico que tiene el concepto de cultura cuando se aplica a cuestiones nacionales, es introducirse en un aspecto del esencialismo. Por eso, en determinados momentos el análisis no puede sino limitarse a una enumeración de episodios y un listado de formulaciones, tan ingeniosas como contradictorias, restringidas a la política abstracta y sin referente social definido.

En resumen, un excelente material para reflexionar críticamente sobre el nacionalismo español y, de paso, sobre los otros nacionalismos íberos; e incluso sobre los idealizados nacionalismos difusos europeos que resultan, en determinados ámbitos, ser más excluyentes e impositivos (no en sentido fiscal, claro) que el denostado nacionalismo español actual. Lo que ilustra el acertado enfoque IKEA con el que el autor encara el tema.

Para personas que vivimos en la asfixiante atmósfera identitaria construida pacientemente por el nacionalismo catalán a lo largo de los últimos 38 años, el libro tiene un plus añadido: es una vacuna para prevenir que el hartazgo de adoctrinamiento patriótico catalanista que sufrimos cada día nos lleve, reacción sentimental de rechazo por medio, a alinearnos con los postulados historicistas de la otra ideología, la españolista, tan tóxica como la anterior, aunque se manifieste de manera más sutil.

Y, desde la perspectiva de las llamadas izquierdas, la obra ayuda a distanciarse de esos berenjenales ideológicos que son la mejor manera de subordinarse al discurso favorito de las clases dominantes y acomodadas, minimizando el papel de las desigualdades en los altares de las correspondientes patrias. En este caso de la patria española.

Miguel Muñiz

29/9/2019

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