Joan M. Girona

Una enseñanza transformadora: actualidad de «Carta a una maestra»

Hace unas semanas releí Carta a una maestra del alumnado de Barbiana [1]. He encontrado que explica las ideas y los temas con un lenguaje aún válido hoy en día. Y las reflexiones que se hace son plenamente actuales en mi opinión.

¿Quién se acuerda hoy de la orientación de clase? Se hablaba y se discutía al inicio de la transición democrática (ya tengo unos cuantos años). Hoy se habla de innovación y de cambios que quizás son un poco superficiales, no van a la raíz. Me gustaría leer o escuchar a los que impulsan redes innovadoras una orientación similar a la del autor de la carta. ¿Nos está pasando como la historia del príncipe de Salina que apoyó Garibaldi para mantener sus privilegios? Que todo cambie para que todo siga igual. En la Carta encontramos referencias.

Podemos intentar ayudar a la educación de niños y adolescentes para que impulsen un mundo diferente y mejor o bien para animarles a adaptarse con posibilidades de éxito en el mundo y en la sociedad actuales. Para conseguir un cambio de verdad deberíamos hacer frente al sistema económico neoliberal que nos domina y que está impregnando los sistemas de enseñanza de mercantilismo y de mucho marketing.

Los sistemas de enseñanza europeos están pensados ​​para mantener la sociedad clasista que tenemos. Están pensados ​​para evitar la igualdad, para hacer a las personas competentes en los trabajos que les toque, trabajos de élites para unos pocos, trabajos sin cualificación para una mayoría. Ser competentes con una visión individualista y no de cooperación puede llevar a la competitividad, a luchar para pasar por encima de las otras personas. En esta línea hay que recordar que una innovación escolar no puede estar apoyada por responsables empresariales de recursos humanos. No puede animar a ser emprendedor porque favorece el esfuerzo individual en detrimento de la colectividad.

Repeticiones, abandonos, no acreditaciones... son los mecanismos que, como denuncian desde Barbiana, se usan para consolidar la estratificación social y dificultar enormemente cualquier intento de ascensor social. Se justifica el estado de las cosas con la cultura del esfuerzo. ¿Es posible esforzarse cuando las condiciones de vida (familia, vivienda, recursos, alimentación...) no son favorables? ¿Qué hace el sistema de enseñanza para paliar o compensar las desventajas de su alumnado? Con la excusa de agravios comparativos y de una igualdad que no tiene nada de equidad, se suspende a chicos y chicas que no pueden aprender con las mismas condiciones de los que aprueban con poco esfuerzo porque su entorno se lo permite y les ayuda. ¿Dónde está la transformación que favorece a los desfavorecidos? Todo el mundo tiene acceso a los aprendizajes, se dice. ¿Todo el mundo? Al 20% que no acredita la ESO ¿qué le sucede? ¿Es un problema de las metodologías tradicionales o innovadoras? ¿O más bien porque no pertenecen a la clase social para la que están pensados ​​los currículos? ¿Quién los elabora, quien piensa la organización y las metodologías?

¿De qué clase social somos mayoritariamente los maestros y profesores? ¿Sabemos de verdad qué les pasa a las personas que pierden el trabajo, la vivienda, que no tienen un futuro claro? ¿La escuela les ayuda o los acaba de derrumbar? En nuestro país una tercera parte de las personas son pobres o están en riesgo de serlo. Una cuarta parte de los niños no tienen todas las necesidades básicas cubiertas. Seguramente muy pocos maestros o profesores pertenecemos a estos colectivos. Se nos hace más difícil entender las situaciones que viven día a día una parte significativa del alumnado.

Y para completar las reflexiones: se dice mucho que la educación, la enseñanza es una responsabilidad de toda la comunidad, no sólo de la escuela; por tanto, la transformación, para ser de verdad, debe implicar el entorno social del centro escolar. Es necesaria la implicación de la red asociativa del municipio o barrio, es necesaria la participación activa de las personas de la comunidad. No sólo las asociaciones de familias, que también, sino de las asociaciones que luchan por transformar la sociedad, los centros de tiempo libre, las escuelas de adultos, las asociaciones de vecinos, plataformas de desahuciados por la hipoteca, mareas amarillas y azules, colectivos que intentan mejorar la sanidad, sindicatos u otras organizaciones que luchan para que todas las personas tengan trabajo y un trabajo digno que permita vivir en condiciones... En los años 70 y 80 se tenía en cuenta, se quería coordinar escuelas e institutos con las asociaciones sindicales y políticas, con los movimientos sociales que querían transformar.

La escuela transformadora debe acompañar a los movimientos sociales que luchan por cambiar la sociedad.

 

Nota

[1] Lettera a una professoressa. Florencia: Libreria Editrice Fiorentina, 1967.

 

[Adaptación de una versión anterior en catalán disponible en diarieducacio.cat]

[Joan M. Girona es maestro y psicopedagogo]

3/2018

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