El Kurdistán iraquí: ¿una nueva realidad política?

Elisabet Torà Mañós

Con el comodín de la quiebra del Estado Iraquí bajo el brazo, el Kurdistán de la interminable saga de la familia Barzani ha logrado el consenso parlamentario regional necesario para finalmente accionar el botón de inicio del proceso independentista el próximo 25 de septiembre de 2017, mediante la convocatoria de un referéndum. La profecía del desmembramiento de un Irak de marca colonial inglesa, constituye ya una realidad fáctica frente a la cual todos los actores del tablero de juego del extenuado Oriente Medio se ven obligados a posicionarse.

Así, Masoud Barzani, líder del Partido Democrático del Kurdistán (PDK) y presidente de la región autónoma, ha sentenciado la celebración de un referéndum con la siguiente pregunta: “¿Quieres un Kurdistán independiente?”, entendiendo como Kurdistán el territorio iraquí bajo su control de facto. Sin embargo, bajo esta faceta de firme tenacidad, encontramos un galimatías de términos y condiciones sin resolver, a saber: fronteras, financiación, seguridad y, sobre todo, relaciones exteriores.

En efecto, el apoyo a la constitución de este nuevo estado parece reducirse a un nivel local, puesto que a nivel tanto regional como internacional la opinión generalizada fluctúa entre la crítica sin ambages al gobierno, por considerar este referéndum un subterfugio antidemocrático y oportunista, y la consideración acerca de la inadecuación del momento para proceder con dicha iniciativa, debido al contexto geopolítico de guerra.

Dentro de las potencias manifiestamente contrarias a la gestación de un nuevo estado kurdo no es de extrañar encontrar a Irán y Turquía, pues en dichos países existen bastiones kurdos importantes que no dudarían en intentar cumplir sus propósitos independentistas particulares. No obstante, los lazos político-económicos trazados con las potencias vecinas podrían dar lugar a respuestas inesperadas.

Si bien la cuestión del independentismo kurdo es tan antigua como la artificial creación del estado iraquí, las reivindicaciones insurreccionales de los años sesenta en dicho territorio no parecían tener más perspectiva de futuro que las acaecidas en los otros tres países bajo cuyas fronteras se extiende el Kurdistán histórico: Irán, Siria y Turquía. Sin embargo, la llegada de Saddam Hussein al mando del régimen baathista de Irak precipitó definitivamente los acontecimientos.

De entre las cenizas del genocidio provocado por la Operación Anfal [1] —la peor pesadilla para los kurdos iraquíes—, la coalición al mando de Estados Unidos para la invasión de Irak en 2003 pareció tener al menos un bando adepto: los kurdos. En efecto, dicho contexto favoreció la fundación de una región autónoma kurda (KRG) que consiguió acceder a zonas geoestratégicas importantes como Kirkuk.

La viabilidad de dicha región se encuadró en el marco de una nueva Constitución, aprobada en 2005 con el respaldo del 80% de la población, que tenía como objetivo primordial asegurar la unidad de Irak, dividida entre facciones sunnís, chiís y kurdas. De ahí que se dispusieran una serie de artículos constitucionales destinados a asegurar su convivencia; un buen ejemplo de ello es el artículo 140, según el cual el gobierno iraquí debía convocar referéndums (con fecha límite de 31 de diciembre de 2007) en enclaves conflictivos como el de Kirkuk para determinar la voluntad de los ciudadanos de pertenecer o no al KRG. 

El primer motivo para entender la precipitación hacia el independentismo del Kurdistán iraquí es la negativa del gobierno central en vehicular la aplicación práctica de las garantías constitucionales comentadas. El segundo tiene que ver con la economía: como indica Nezan, presidente del Instituto Kurdo de París, en el periódico francés Libération[2], desde 2014 el gobierno iraquí ha paralizado las dotaciones del 17% de la financiación de la región autónoma kurda, a lo que ésta ha respondido con el desarrollo de su sector petrolífero para financiar a su propio ejército de peshmergas [3]. Las victorias en el campo de batalla y la masiva acogida de refugiados de guerra constituyen el tercer y último pilar que explica el detonante de la decisión de convocar un referéndum. 

Vistos los acontecimientos recientes, los peshmergas son merecedores de su propia denominación, pues ante la irrupción del grotesco fantasma de ISIS en Irak —y contrariamente al ejército oficial iraquí, que abandonó literalmente la defensa del importante enclave de Mosul—, los peshmergas kurdos han sido los principales combatientes contra los extremistas sunnís en territorio iraquí, logrando victorias importantes en enclaves como el de Sinjar.

Las operaciones militares emprendidas para frenar el avance de ISIS han desencadenado la creación de una solidaridad kurda que ha tenido como efecto directo la ayuda mutua entre los peshmergas iraquíes y las facciones kurdas de Turquía y Siria (el brazo armado del PKK y el grupo armado YPG respectivamente). Las victorias sobre el terreno no podrían haber acaecido sin la necesaria cooperación de los distintos bandos que conforman el Kurdistán histórico. No obstante, dicho atisbo de unión transfronteriza entre kurdos no deja de ser un destello de solidaridad hacia los miembros del pueblo kurdo, sin implicaciones consecuentes. 

Ciertamente, el Kurdistán histórico sigue estando dividido en dos bloques geográficamente definidos. Por un lado encontramos el bastión del Partido Democrático del Kurdistán (PDK) con Masoud Barzani como líder y establecido en Irak, mientras que por otro lado encontramos la facción del PKK liderada por Abdullah Öcalan y que extiende su ideario en Siria con el Partido de la Unión Democrática (PYD). La diferencia entre ambos bloques es puramente ideológica, pues mientras el Kurdistán Iraquí de Barzani hunde sus raíces en una estructura de base tribal, el PKK propugna un ideario de confederalismo democrático con influencia claramente anarquista.

Teniendo en cuenta la existencia de un ente federativo autónomo en el norte de Siria regulado por el PYD, la constitución de un Kurdistán iraquí independiente podría comportar la coexistencia última de dos kurdistanes vertebrados por realidades políticas marcadamente diferentes pero con el trasfondo de un enaltecido pasado común.

Dicha paradoja marcaría el comienzo de una nueva era en la oxidada historia del magullado Kurdistán, una etapa que hay que leer con los ojos puestos en los estragos producidos por la división del territorio kurdo en cuatro países por parte de las potencias coloniales. 

Notas

[1] Conocida también como Campaña Anfal o Genocidio Kurdo, consistió en una operación militar contra los kurdos y otras minorías étnicas del norte de Irak durante la guerra entre Irán e Irak.

[2] Nenzan K. (1 de julio de 2014), La Fédération, seule issue au conflit. Libération (tribune)

[3] Acepción que hace literalmente referencia a “aquellos que se enfrentan a la muerte”.

Para saber más

Anderson, L., Stansfield, G. (2005), The Future of Iraq: Dictatorship, Democracy, Or Division?. Ed. Palgrave Macmillan.

Aziz, M. (2011), The Kurds of Iraq: Ethnonationalism and National Identity in Iraqi Kurdistan.Tauris Academic Studies.

Gurbey, G., Hofmann S., Seyder, F. (2016), Between State and Non-State: Politics and society in Kurdistan-Iraq and Palestine. Ed. Spinger.

Freedman, O. (2002), The Middle East Enters the Twenty-first Century. University Press of Florida.

O’ Leary B., McGarry J., Salih, K., The Future of Kurdistan in Iraq. University Press of Pennsylvania.

Olson, R. (2005), The Goat and the Butcher: Nationalism and State Formation in Kurdistan Iraq since the Iraqi War. Ed. Mazda.

Stansfield, G. (2003), Iraqi Kurdistan: Political development and emergent democracy.Routledge. 

Voller, Y. (2014), The Kurdish Liberation Movement in Iraq: from insurgency to statehood.Routledge.

8/2017

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