Elisabet Torà Mañós

La Revolución de Rojava: el protagonismo de la mujer kurda en la defensa del pueblo

Situado en el foco de atención occidental a partir de la Segunda Guerra del Golfo, el enclave del denominado Kurdistán se presenta hoy como la nación sin Estado más grande del mundo que abarca una vasta región de Oriente Medio.

A pesar de múltiples discrepancias al delimitar su extensión geográfica debido a la negación categórica de su existencia a lo largo de la historia, cabe decir que su territorio se halla comprendido principalmente entre cuatro estados: Turquía (Kurdistán del Norte o Bakur en kurdo), Irak (Kurdistán del Sur o Başur en kurdo), Irán (Kurdistán del Este o Rojhilat en kurdo) y, finalmente Siria (Kurdistán del Oeste o Rojava en kurdo).

Heredero de un vaivén de injerencias, invasiones y dominios externos, el Kurdistán Sirio o Rojava ha dejado atónita a la opinión internacional al crear una suerte de Ente federativo de inspiración anarquista libertaria, que sitúa a la mujer en primera línea de combate en el contexto de una de las guerras más sangrientas del magullado Oriente Medio.

Para llegar a comprender la naturaleza de dicha realidad política, debemos remitirnos a dos factores clave que configuran el bagaje histórico del puzzle de Rojava y el papel protagonista de la mujer en él: la gestación y transformación del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y el Movimiento de las mujeres kurdas a lo largo de la historia.

La creación del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en Turquía, en 1978, fue la culminación de una etapa de reivindicación que había surgido en la zona kurda a raíz del nacimiento de la República turca de la mano de Atatürk, cuya política se caracterizó por un viraje unionista que desembocó en una férrea persecución del pueblo kurdo. En el primer congreso del PKK, se elige a Abdullah Öcalan como líder del partido político. Es importante destacar ya desde un inicio la importancia de dicha figura líder, cuya trayectoria personal y política va a ser una fuente de inspiración constante para la composición del partido político.

El programa político gestado en este congreso se sitúa a caballo entre la lucha de clases y una suerte de nacionalismo kurdo integrador, que se plasma en un manifiesto llamado La vía de la Revolución Kurda. Ya en su redactado, podemos denotar el eje de la influencia marxista-leninista a través de elementos claves que apuntan a las bases del socialismo, utilizando una estrategia de guerrilla de corte maoísta.

En esta primera fase ya encontramos referencias a la igualdad de género, aunque el papel de la mujer se supedita a la tarea prioritaria del partido: la liberación nacional del pueblo kurdo. Por ello, la mujer ocupa un espacio en la arena política e incluso en el terreno militar, pero su participación no se diferencia de las de otros partidos socialistas de la época.

La transformación definitiva de la ideología del partido y del papel de la mujer en él llega a finales de los años noventa, con la detención del líder Abdullah Öcalan, el cual entra en contacto con las teorías elaboradas por Murray Bookchin sobre el municipalismo libertario de corte anarquista. A raíz de este acontecimiento, el partido adopta las tesis de este autor y crea la ideología del confederalismo democrático, que pivota alrededor de tres ejes: el ecologismo social, la economía cooperativista y la emancipación de la mujer.

En efecto, la metamorfosis ideológica del partido comporta una traslación de los objetivos prioritarios: la lucha de la mujer pasa de estar relegada a un segundo plano a constituir el vector de la emancipación femenina, que impregna todos los confines del ideario del partido político. Se establece un nuevo imaginario político basado en el mito de la existencia de sociedades matriarcales en la época neolítica que fueron desterradas a causa del advenimiento del capitalismo. 

Si bien hemos establecido la importancia de la ideología del PKK y del líder Öcalan en el resultado actual de la emancipación de la mujer kurda, no debe ser olvidado el papel de la mujer —Jinen en kurdo— en la conquista de sus derechos dentro de los parámetros de la Revolución de Rojava.

Más allá de la militancia de partido, la organización de las mujeres comportó el empuje definitivo de la situación emancipatoria que encontramos actualmente en Rojava. A lo largo de la historia, miles de mujeres combatieron autónomamente en dos planos distintos: primero, en la sociedad kurda tribal a causa de la discriminación interna por el mero hecho de ser mujeres y, en segundo lugar, en un plano exterior contra la discriminación por formar parte de la minoría étnica kurda.

La figura simbólica por excelencia que encarrilará la reivindicación de la población femenina kurda será Sakine Cansiz, co-fundadora del Partido de los Trabajadores del Kurdistán e icono del Movimiento de mujeres kurdas. El fenómeno social de base que Sakine consiguió poner en marcha tuvo un reconocimiento sin precedentes en la mentalidad de la mujer kurda contemporánea. De este modo, se observa la adhesión a la lucha reivindicativa de miles de mujeres que veían en ella la oportunidad definitiva para conquistar sus derechos esenciales. A nivel simbólico, parecía importante establecer un icono líder de una mujer, en tanto que legitimaba la lucha del PKK para la igualdad hombre-mujer.

Rojava o el Sistema Democrático Federal del Norte de Siria (acepción usada para englobar a todos los pueblos que cohabitan en la región) y el papel protagonista de la mujer en dicho ente surgen a raíz de la cristalización de los dos factores anteriormente mencionados.

En efecto, la creación de dicha región autónoma comporta la traslación práctica del sistema propugnado por el confederalismo democrático a través de una plataforma de acción colectiva llamada TEV-DEM (Tevgera Civaka Demokratîk), que basa su actuación en la democracia directa participativa.

Se puede observar una estructura de decisión política basada en el modelo bottom-up, que presta especial atención a la representatividad de ciertos colectivos en cada instancia de decisión política. La paridad entre mujeres y hombres se asegura mediante un sistema de copresidencia donde un miembro debe ser mujer y el otro varón; del mismo modo se construye toda una organización femenina paralela al TEV-DEM para asegurar el verdadero empoderamiento de la mujer en todas las tareas de la acción política.

Las estructuras políticas mixtas han tenido como resultado práctico la influencia trasversal de la perspectiva de género en todas las esferas de creación de poder popular. Este hecho ha llegado incluso hasta la toma de poder militar con la creación de las Unidades Femeninas de Protección (YPJ) que se erigen como protagonistas de batallas como la de Kobane. Es de suma importancia destacar que dicha actuación combativa se enmarca dentro de los parámetros de la autodefensa legítima, pues el confederalismo democrático propugna el ideal de la no violencia.

La supervivencia del ente de Rojava en la guerra contra el Estado Islámico no puede entenderse sin la participación de la mujer. Ello se debe principalmente a dos aspectos: en primer lugar, la mujer adquiere un rol predominante en el ámbito militar, hecho que supone un desdoblamiento de los efectivos en combate y, como consecuencia, se obtiene una mayor eficacia en las operaciones tácticas sobre el terreno. En segundo lugar, la mujer de Rojava estudia la ideología del enemigo y sus puntos débiles: el Estado Islámico propugna que los combatientes abatidos por mujeres en el campo de batalla no tienen acceso al paraíso sagrado que sigue la muerte; por ello, los combatientes del islamismo radical temen el ataque a esta población femenina armada.

Sin embargo, la influencia del papel de la mujer no sólo se limita al contexto de la guerra con el Estado Islámico. En efecto, una consecuencia que ha traspasado los límites del conflicto regional se encuentra en la nueva manera de concebir a la mujer. Contrariamente al feminismo dominante en la tradición occidental, que propugna una lucha para conseguir únicamente la liberación de la mujer, en Rojava la emancipación femenina hace coincidir la libertad de las mujeres con la de la sociedad en su conjunto; de modo que no cabe una victoria de la lucha de la mujer sin el triunfo de la deconstrucción de la unión sacra entre el capitalismo y el patriarcalismo.

A pesar de los significativos avances, la sociedad de Rojava es consciente que resta aún mucho por hacer para alcanzar la emancipación femenina en la región. En efecto, en un contexto de ebullición política debido al fenómeno de la guerra y de la existencia de una Rojava que aglutina una multitud de poblaciones con tradiciones y modus vivendi totalmente distintos, el camino hacia la plena libertad de la mujer en los términos propuestos por Abdullah Öcalan se ve aún obstaculizado. No podemos obviar la presencia de una tradición patriarcal milenaria que ha engendrado un sistema social anclado en las bases de la desigualdad de género. No obstante, las medidas ya puestas en marcha han comportado victorias importantes en el terreno, hecho que muestra que se está produciendo una progresiva evolución social tendiente a la liberación de la mujer en el sentido propugnado por el municipalismo libertario.

30/6/2017

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