Pep Puig i Boix

El mercado eléctrico: un sistema perfecto para enriquecer a unos pocos

Desde 1998, fecha de la liberalización del sector de la electricidad en el reino de España y cuando el flamante ministro Josep Piqué se llenó la boca de palabras para justificarla, repitiendo, como si fuera un mantra, que la decisión haría bajar los precios de la electricidad, el precio del kWh no ha hecho mas que subir, a la par que los beneficios de las muy pocas empresas que dominan tanto el mercado liberalizado de generación como el mercado liberalizado de comercialización. ¿Como funciona el mercado eléctrico español?

Existe un organismo (OMIE) que gestiona las ofertas de los generadores y las demandas de los usuarios de electricidad. Ello se articula mediante una sesión diaria, denominado mercado diario, y seis sesiones intra-diarias. En la sesión diaria, se presentan ofertas (a las 12:00 h.) para las 24 horas del día siguiente. En las sesiones intra-diarias, se negocian cambios en las previsiones realizadas en el mercado diario.

Los vendedores en estos mercados son las empresas propietarias de las diversas tecnologías de generación (grandes centrales hidráulicas, térmicas de combustibles fósiles y nucleares, instalaciones eólicas, solares, biomasa, mini-hidráulica, etc.). Los compradores son las empresas comercializadoras de electricidad que representan a la totalidad de usuarios de la energía eléctrica (industriales y domésticos).

Una vez el OMIE ha recibido las ofertas, horariamente y para cada una de las sesiones, las ordena de menor a mayor precio para la venta y de mayor a menor precio para la compra (siendo el precio inferior 0 y el superior 180,30 €/MWh). Con ellas se forma un gráfico de dos curvas agregadas, que se cruzan en un punto de corte, el cual establece el precio de casación para esa hora y sesión. Y ello para cada hora de cada día. Este tipo de mercados se denominan marginalistas, pues el precio lo fija la última oferta de generación entrante, que suele ser la generación térmica más cara.

Pero ¿por qué sube y baja el precio en estos mercados?

Para responder a esta pregunta veamos los criterios en base a los cuales los productores de electricidad establecen sus ofertas. Las empresas propietarias de centrales nucleares venden a un precio cero (0 €/MWh), denominado precio aceptante, ya que se ha establecido que estas instalaciones funcionen siempre a su potencia nominal (hacerlas funcionar en un régimen de potencia variable implica costes adicionales y, sobre todo, riesgos). Las instalaciones de energías renovables, como la eólica y la solar, como su coste en materias primas es cero, pero su régimen de funcionamiento es variable, venden a precio casi aceptante. El resto de instalaciones de generación (grandes hidráulicas y térmicas) tienen en cuenta sus costes de generación y de oportunidad para realizar sus ofertas. Las centrales térmicas de combustibles fósiles deben tener en cuenta sus costes de generación, siempre asociados a los costes del combustible que utilizan en la producción de electricidad.

Por su parte, la mayor parte de la demanda, que es variable a lo largo de cada hora del día, y suele considerarse como no gestionable (debido a la completa ausencia de políticas de gestión de la demanda), oferta al precio aceptante en compra, o sea al máximo de 180,30 €/MWh.

De ello se puede concluir que cuanto mas renovables estén generando electricidad, y/o mas baja sea la demanda, más se empujará a la baja el precio del mercado, pues se expulsa de la casación a las tecnologías de generación más caras. En ausencia de renovables, y/o cuando la demanda es elevada, mas se empujarán al alza los precios de mercado, pues el sistema necesita de las tecnologías de generación más caras para cubrir la demanda.

En el caso de España, existe un amplio parque de centrales nucleares y grandes centrales hidráulicas, todas ellas funcionando desde hace decenios (y por tanto debidamente amortizadas). Los costes de generación de estas instalaciones son muy reducidos (inferiores a 25 €/MWh), ya que nunca se han tenido en cuenta los costes económicos de los impactos ecológicos y sociales que su construcción conllevó y su funcionamiento sigue teniendo, costes que se están transfiriendo a las generaciones futuras.

Además, en la situación oligopolística del mercado eléctrico español (donde muy pocas empresas dominan los mercados de generación y de comercialización), se pueden producir (y, de hecho, se producen, situaciones de práctica ‘manipulación’ del mercado, haciendo entrar en él las tecnologías más caras y evitando (por diversidad de ‘razones’) la entrada de tecnologías mas baratas. De esta forma, se puede hacer subir el precio de casación, con lo cual se incrementa de forma considerable la remuneración recibida por el funcionamiento de las grandes instalaciones hidráulicas y nucleares, muy por encima de sus costes de funcionamiento. Con el actual mercado, y debido a la mecánica de su funcionamiento, los pocos propietarios de estas grandes instalaciones reciben enormes ingresos, muy superiores a los que serían razonables en una economía de mercado justa y equilibrada, que tuviera en cuenta los costes reales de generación de cada tecnología.

En los últimos días hemos visto como el precio de a electricidad en el mercado mayorista se disparaba fuera de los límites habituales. Entre las causas de esta situación se podrían citar:

a) Un aumento de las exportaciones de electricidad a Francia debido a las dificultades experimentadas por el país vecino con sus centrales nucleares, que al aumentar la demanda empuja al alza el precio de casación,

b) La indisponibilidad (?) de parte de la excesiva potencia construida de centrales de ciclo combinado de gas (a pesar de que disponen de pagos fijos para garantizar su disponibilidad), que al introducir en el sistema centrales menos eficientes y más caras empuja al alza el precio de casación,

c) La especulación en el mercado mundial de gas licuado, debido al aumento de la demanda, que hace aumentar el precio del gas.

Lo mas esperpéntico de la situación que estamos viviendo ha sido constatar, por un lado, el clamoroso silencio del órgano que debería haber estado vigilante, y actuar de oficio si fuera el caso (el regulador del mercado: la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia), y por otro lado, las declaraciones del nuevo ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital manifestando que “está el refrán aquel, español, de que ‘a río revuelto, ganancia de pescadores’; pues tenemos que conseguir que aunque esté revuelto el río, que lo está, pues no haya ganancia de pescadores; ¿sospechas de pescadores? no, pero como no es infrecuente este tipo de cosas, es donde hay que vigilarlas”, cuando su función, como ministro, no debería ser el instruir al órgano regulador, que es independiente del Gobierno, al menos en teoría, sino actuar políticamente para cambiar la regulación actual del mercado eléctrico y adecuarla a los intereses de toda la población, en vez de mantener una disparatada regulación que favorece descaradamente a unas pocas empresas que se enriquecen de forma escandalosa mientras empobrecen a buena parte de la ciudadanía.

 

[Pep Puig i Boix es Doctor ingeniero industrial]

 

[Fuente: la lamentable]

23/1/2017

Sitio elaborado con Drupal, un sistema de gestión de contenido de código abierto