Pere Ríos

Banca Catalana: caso abierto

Lo que no se contó del escándalo que enriqueció a Jordi Pujol [Prólogos de Carlos Jiménez Villarejo y José María Mena]

Península, Barcelona, 2015, 269 págs.

Atraco desde dentro

Este libro de Pere Ríos será sin duda el libro de referencia acerca del caso de la quiebra de Banca Catalana, el banco que fue de Pujol y sus asociados, dirigido esencialmente por él. El libro cuenta lo que el público nunca llegó a saber acerca del caso, ignorancia que permitiría a Pujol envolverse en la senyera, y que, leído ahora, cobra el aspecto de una casa de los horrores financiera, un auténtico torbellino de ilegalidades. Aunque el valor del libro es en cierto sentido intemporal, pues refiere una investigación muy bien hecha, la actualidad le da un valor añadido —por decirlo con una terminología que viene muy bien aquí— especialmente relevante: Banca Catalana vuelve a ser un caso abierto, de momento solo políticamente.

La causa de la quiebra, que se llevó los ahorros de muchísimas personas, según el relato sumarial que sirve de base al libro, consistió esencialmente en lo siguiente: algunos directivos del banco, con Jordi Pujol a la cabeza, crearon una irregular caja B —no reflejada en la contabilidad oficial—, paralela a la actividad ordinaria de la entidad, que fueron nutriendo con dinero ajeno por medios ilegales —bien detallados en el libro, pero sobre los que no hay que extenderse aquí— y mediante la creación de sociedades instrumentales (veintisiete). Así fueron desviados fondos inmensos que desde la caja B, opaca para el Banco de España y para la contabilidad oficial de Banca Catalana, pasaban a los bolsillos de los directivos implicados y sus allegados, singularmente la familia Pujol: Jordi Pujol, su esposa, su padre, su madre, su suegro, su hermana, su cuñado, su consuegro, también por medio de curiosos artificios que revelan una ingeniería bancaria que no está al alcance de los profanos, fundamentalmente créditos ficticios, si he leído bien, además de dividendos ilícitos. Solo estos últimos, en el caso de Jordi Pujol, alcanzaron, actualizados, más de cuatro millones de euros.

Por supuesto, cuando Pujol y sus familiares y allegados —Cabana, Carner, etc.— vieron que la quiebra del Banco era inevitable vendieron sus acciones —aunque Pujol se ingenió una mañosa posibilidad de recuperar una parte de ellas cuando el Estado hubiera saneado el Banco. Dejo los detalles al lector. En resumen: los directivos se enriquecieron, Banca Catalana quebró, y el Estado —o sea, los contribuyentes— pagaron el pato.

Pero el Caso Banca Catalana tiene una segunda parte: lo que ocurrió cuando los fiscales que ahora prologan este libro trataron de depurar las responsabilidades de lo que en definitiva se configuraba como una quiebra fraudulenta, una apropiación indebida, unos delitos fiscales, etc. Jordi Pujol, elegido presidente de la Generalitat, logró convencer a los que querían ser convencidos de que la exigencia de responsabilidades era una persecución política contra él (y a través de él, naturalmente, contra Catalunya). El victimismo político de siempre, en definitiva. La investigación de Pere Ríos muestra que no hubo nada de eso: al contrario, Felipe González impidió que el caso llegara al Tribunal Supremo. Esta parte de la investigación está muy claramente detallada.

Lo asombroso fue la decisión mayoritaria del pleno de la Audiencia Territorial barcelonesa de dar carpetazo al asunto. Pere Ríos examina cuidadosamente esta decisión escandalosa adoptada por un conjunto de magistrados —con poco más de media docena de excepciones— que, formados todavía en el franquismo, convencidos de que el Código Penal no está para las clases altas (ignoraban el concepto de delincuente de cuello blanco), deslumbrados por un potencial reo que presidía la Generalitat, decidieron que lo que había ocurrido en Banca Catalana no era delictivo, sino, a lo sumo un problema civil o mercantil, y dieron carpetazo a la querella de los fiscales (unos fiscales que durante años serían acosados personalmente y en sus familias por haber tratado de desenmascarar a aquel a quien ahora se le ha caído la máscara de patriota desinteresado).

En suma: este libro puede ser útilmente leído junto con las memorias de Pujol, para medir las dimensiones de su engaño a sus compatriotas..

En este libro de ahora casi no se habla del papel de la prensa en los momentos del estallido de los escándalos —el de la quiebra y el de la decisión de la Audiencia territorial—. Por fortuna existen las hemerotecas, incluso online. Aunque menos responsables que los magistrados —a los muñidores de la decisión les premiaron con prebendas políticas importantes—, se puede decir claramente que la prensa no estuvo a la altura. El periodista Pere Ríos redime ahora a la profesión. Su libro es muy claro, está muy bien escrito, se lee muy bien y con interés creciente, y huye de todo tipo de retórica. Puede ser una buena lectura vacacional, porque en el fondo se trata de una novela negra real, donde no hay muertes, pero sí mucha materia delictiva.

Del caso queda una enseñanza: Jordi Pujol, como en su día Mario Conde, demuestra que la mejor manera de atracar bancos —por decirlo así— es desde dentro.

J.-R. C.

26/3/2015

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