Las elecciones generales y la agenda de la izquierda alternativa

Jaume Segarra

Las encuestas lo reflejaban: el interés de la población era cambiar el gobierno, pero creían que continuaría gobernando el PP. Para decirlo en términos más generales: el horizonte de la historia parece detenido: como si Fukuyama se hubiese impuesto entre la gente. Claro está que a golpe de misiles y de urdacis. Pero la acumulación de errores, mentiras y despropósitos ha sido tal en el último año que se ha generado una repulsa total al gobierno del PP (tres millones adicionales han ido al PSOE, pero hay que sumar a estos los incrementos de ERC, PNV, etc.).

Veamos cuáles han sido los principales fallos del PP y analicemos su naturaleza. Todo empezó con la huelga general y ahí se puso de manifiesto un rasgo genérico en todo lo que la opinión pública ha ido generando como rechazo al PP. No solamente la huelga fue ampliamente seguida a pesar de que parecía imposible que alcanzase gran consenso en un contexto de destruida capacidad negociadora de los sindicatos, sino que contó para sus resultados prácticos en la opinión con la inestimable imagen del portavoz del gobierno mintiendo sobre el alcance de la huelga. Y pusieron de candidato al de los hilillos del Prestige. Lo mismo ha sucedido con la guerra de Irak y sus reales armas de manipulación masiva frente a las inexistentes armas de destrucción masiva.

Lo mismo con el accidente del Yakovlev, con la invasión de Perejil que nos enemistó con Marruecos, reduciendo nuestra capacidad de movimientos al entregar nuestra política exterior al Departamento de Estado. La posición española en el Consejo de Seguridad en la crisis de Irak fue la más dura y agresiva, concorde con la foto de las Azores, tanto en las reuniones como en la interpretación falaz de las resoluciones También la mentira ha presidido toda la tramitación del Plan Hidrológico Nacional. O Álvarez-Cascos diciendo que todo el mundo paga esas hipotecas porque puede. Y finalmente la lucha antiterrorista, orientada a la derrota política de opciones quizá no compartidas por muchos pero plenamente democráticas, coronada por la gran mentira de la atribución a ETA del más sanguinario atentado terrorista que se recuerda en Europa. Todos estos fracasos se refieren a objetivos aparentemente inalcanzables: la paz, la sociedad de bienestar, la nueva cultura del agua, la multilateralidad en las relaciones internacionales. La población se ha movilizado por ellos aun no teniendo a su mano instrumentos clásicos, partido y sindicatos que estuviesen a la altura.

No teníamos fuerzas. Ahora nos las han dado o, mejor dicho, se las ha dado la población. Conviene transformarlas en acción política permanente.

Porque los temas que ha planteado la población figuran en la agenda de la izquierda alternativa. Porque no hay ninguna garantía de que el PSOE pueda responder adecuadamente a medio plazo.

4/2004

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