Jacques Sapir

Sobre las elecciones italianas

Tras conocerse los resultados de las elecciones italianas, los comentarios se multiplicaban. El gobierno francés se apresuró también a hacer un comunicado minimizando la importancia de estos resultados. Más le hubiera valido afrontar directamente la realidad, aunque solo fuera para sacar las conclusiones correspondientes. Pero ha preferido atrincherarse en una actitud de denegación, esta vez con el apoyo de una parte de la prensa francesa. Mucho se había alabado al dirigente del partido Demócrata, Pier Luigi Bersani o al tecnócrata reconvertido en político, Mario Monti. Sin embargo, bastaba con salir de la burbuja parisina, con mirar la prensa italiana, británica o americana para tener una pequeña idea de lo que iba a ocurrir. Pero se dice que no existe la realidad fuera de lo que algunos cenáculos quieren opinar. Pues bien; observemos un poco esas elecciones y sus resultados e intentemos extraer de ellos los puntos importantes.

El primer punto que sobresale de estos resultados es evidentemente la amplitud del rechazo a las políticas inspiradas por Bruselas y Berlín pero también, recordémoslo, por París. Los partidos que defienden estas políticas sólo representaron el 40% de los electores (el PD de izquierda de Bersani 29,5% y la alianza de centro derecha de Mario Monti, 10,5%). Los partidos que rechazan estas políticas y que en realidad rechazan la lógica del euro han alcanzado más de 54% de los sufragios (el PDL de Silvio Berlusconi, 29% y el M5S de Beppe Grillo, 25, 4%). Sería imposible imaginar una mayor desautorización a quienes presentaban al gobierno Monti como un "salvador” de Italia. La multiplicación de impuestos, a menudo vividos como injustos, los recortes salvajes del presupuesto cuyas víctimas han sido los hospitales, las escuelas pero también los sistemas de pensiones, los retrasos escandalosos en los pagos por parte del Estado explican ampliamente esta situación. La prensa francesa puede criticar a la “máquina” Berlusconi, pero no podría esconder eternamente el hecho de que si un político expulsado y abucheado vuelve casi como triunfador es claramente porque hay un rechazo masivo de la política puesta en marcha por sus sucesores. Además, este discurso convenido no puede explicar el éxito del Movimiento 5 estrellas (M5S) de Beppe Grillo.

Esto conduce entonces al segundo punto importante: el error manifiesto de los sondeos y de las estimaciones “a pié de urna”. Dos partidos han sido las víctimas de estos errores: el PD, al que se le atribuía un 33% y que al final obtuvo 29,5% (alrededor de cuatro puntos de diferencia) y la alianza de centro derecha de Mario Monti, a quien los sondeos atribuían un 12% y que en realidad solo obtuvo un 10,5%. El PDL de Silvio Berlusconi aparece como relativamente estable. Es por lo tanto el M5S quien se ha aprovechado de estos errores, ya que se le atribuía entre un 18 y un 20% y en realidad obtuvo más del 25% de los sufragios. Es conveniente decir acto seguido que estas elecciones eran las primeras elecciones generales a las que se presentaba el M5S. La tarea de quienes realizaban los sondeos y las previsiones era pues de lo más difícil. Pero si se tienen en cuenta las cifras, y si se admite que un cierto número de electores del M5S (1 de cada 5) no quisieron expresar a quién habían votado en los sondeos “a pié de urna” esto quiere decir que antiguos votantes tanto de izquierda como de derecha se han decantado hacia el movimiento de Beppe Grillo. Esta hipótesis se ve avalada por la notable similitud entre previsiones y resultados reales para el PDL lo que confirma el hecho de que Silvio Berlusconi es reconocido como el jefe de su formación y que su discurso es ampliamente asumido por sus votantes. El voto para el PDL no ha sido un voto “vergonzante”, sino al contrario claramente asumido. Lo que esto quiere decir es que hay que buscar esencialmente en la izquierda (y secundariamente en el centro derecha) el verdadero granero de las fuerzas del M5S.

Esto conduce entonces al tercer punto: los electores italianos querían enviar un mensaje y han utilizado a tal fin los medios que tenían a su disposición. Se puede censurar el sistema electoral italiano, ciertamente más “bizantino” que “romano”; se pueden hacer todos los comentarios posibles e imaginables sobre la retórica, tanto de Berlusconi, cubierto de escándalos y superviviente del “bunga bunga”, como de Beppe Grillo. A falta de partidos más presentables, los italianos han votado por aquellos que les parecían los menos nocivos, o dicho de otra manera, los menos comprometidos con la mortífera política de austeridad y los menos sumisos a las órdenes de Bruselas y a los dictados de Berlín. Estamos en presencia de una manera de protestar estructurada más que ante un simple voto “protesta”. El hecho de que el M5S haya vencido en ciertas ciudades en las últimas elecciones municipales tendría que haber alertado a los observadores.

Las consecuencias para la coalición de izquierdas que representa el Partido Democrático son importantes: la erosión de este partido en los últimos sondeos y posteriormente en los resultados, es particularmente importante. Con un 35% de los votos atribuidos a menos de un mes de las elecciones obtiene finalmente el 29,5%. El problema reside en la posición insostenible que adoptó: la de defender una “austeridad con rostro humano”. Los italianos han intuido que de rostro humano no habría casi nada y que solo quedaría la austeridad. Empero, esto plantea un temible problema a las fuerzas llamada “socialdemócratas” en la Europa del sur. Sus discursos ya no tienen ninguna credibilidad en el marco económico que es el de la zona euro. Se trata o bien de adoptar un discurso tradicional de derechas o bien de romper con las quimeras de una Europa federal; no hay medias tintas posibles.

Llegamos pues al cuarto punto. Estas elecciones han supuesto, como ya se ha dicho, una sonora derrota de la tecnocracia. A este respecto, recordamos lo que se decía en una nota dedicada no solo a la cuestión del “orden democrático” sino también a la Dictadura y a la Tiranía: “El orden democrático permite pensar las nuevas formas de la Tiranía (las agencias independientes) de darles un nombre preciso (el BCE, la Troika, la devolución de los principios del Estado a la Unión Europea sin respeto por las reglas devolución) pero también mostrar lo que podrían ser otras vías que no condujeran a usurpaciones de soberanía. El orden democrático permite así refutar las ilusiones de una tecnificación de las opciones políticas y de volver a dar toda la importancia a la propia política. Nos permite pensar la Tiranía y en consecuencia la rebelión legítima”.

Es a una rebelión legítima a lo que hemos asistido en estas elecciones. Es conveniente tomar conciencia de ello.

 

[Este artículo, traducido al castellano por Beatriz Quirós Madariaga, ha sido publicado por Rebelión]

28/2/2013

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