Ideas para un programa rojo, verde y violeta

A Francisco Fernández Buey, in memoriam

José Manuel Barreal San Martín

Cuando los ejemplos se mueren hay que perseguirlos.

Juan Carlos Monedero

 

No se asuste el lector o lectora con el título del presente escrito, no es mi intención dar ideas sobre tan importante y aún no conseguido proyecto. Mi intención es más sencilla, se trata de rendir homenaje a una persona que tuve el honor de conocer y de oír en un par de conferencias en Asturias, una en mi pueblo, en Langreo, el nueve de febrero de 2000 en la presentación de su libro Marx (sin ismos). Esa persona, fallecida el 25 de agosto, es Francisco Fernández Buey y él mismo publicó en El Viejo Topo de septiembre de 1996, n.º 99, un extenso trabajo con el título arriba indicado. Y él si daba ideas, sí hizo propuestas. Ideas y propuestas que en mi opinión siguen vigentes y que la izquierda alternativa, anticapitalista, haría bien en releer.

El artículo fue elaborado y publicado a raíz de una propuesta surgida en aquel entonces en Cataluña desde IC que intentaba alentar una coalición electoral al estilo de la italiana El Olivo. Pasando de la polémica de aquella época, intentaré resumir las ideas que Francisco Fdez. Buey plasmó, según sus palabras, como “reflexión sobre los valores que hoy en día podrían articular el programa de una izquierda radical con vocación transformadora”. A mí no me parece que esa reflexión se haya dado tanto como para no volver sobre ella. Porque si hace dieciséis años era necesaria, ¿qué decir ahora en el maremágnum de una crisis no sólo económica, sino social y política?

Decía el autor de Discursos para insumisos indiscretos que “la izquierda actualmente no está en un solo sitio. Aquí y ahora la izquierda está…”. Me pregunto si aquel “actualmente” y el “aquí y ahora” no es de actualidad hoy. Comentaba Paco que la izquierda estaba, entre otros, en “los movimientos sociales surgidos de la crisis del 68 (feminismo, ecologismo y antimilitarismo…)”; “en algunas organizaciones no gubernamentales de ayuda a las gentes y países empobrecidos”; “en algunas organizaciones cristianas de base; en plataformas, mesas cívicas e iniciativas ciudadanas varias, dispersas en varias localidades del Estado, y no siempre conectadas a otras organizaciones mencionadas”; mentaba también revistas de izquierda con las que habría que contar, entre las cuales obviamente mientras tanto de la que fue cofundador. Habría que añadir al 15M, a las organizaciones de izquierda no parlamentaria y a los últimos debates sobre las izquierdas que en la red se están dando.

Leyendo lo anterior a uno le parece que aquel escrito no está obsoleto. En el Estado español hay, actualmente, un debate sobre qué se quiere decir con “izquierda”, hacia dónde habría qué ir, cómo y por qué, sin olvidar quiénes. Sobre el “ quiénes” comentaba el ya fallecido profesor: “En las actuales circunstancias la pretensión exclusivista sobre la representación de la izquierda no sólo contradice la realidad sino que es inútil políticamente”. Sabias y oportunas palabras en aquel entonces y que ahora se deberían de escribir en el frontispicio del debate actual, ya que de no tenerlas en cuenta se podrá debatir hasta el infinito, pero con poca operatividad para la ciudadanía.

El autor de La gran perturbación en el artículo que comento se refiere a la concreción del programa “rojo, verde y violeta” que entiende sería viable para un movimiento sociopolítico en construcción, que para él exigía en aquel momento y para hoy, digo yo, “un trabajo organizativo por abajo, ideas nuevas y libre discusión y circulación de las mismas”, siendo decía “como requisitos previos para cualquier formulación programática seria”.

En aquel tiempo de 1996 se debatía un movimiento social “rojo, verde y violeta”, no sé si es el mismo proyecto el que actualmente se debate, aunque entiendo que sí, al menos en algunos cenáculos de la izquierda transformadora. No es descabellado seguir planteando el mismo proyecto con los matices que haya que introducir dada al involución social, política y económica que estamos padeciendo. Así, FFB, contemplaba para el proyecto comentado unas premisas que para nada son viejas: “corrección del déficit democrático […]) así como la profundización de la democracia representativa realmente existente”; “El reconocimiento de la diversidad cultural y de la importancia político-moral del mismo en la lucha por profundizar la democracia y garantizar la igualdad social”; “la aceptación de las consecuencias prácticas del proyecto civilizatorio alternativo, o sea, de que se trata de un proyecto igual para varones y mujeres”; “la elaboración de un plan de desarrollo ecológica y humanamente sustentable para una sociedad regulada de individuos socialmente iguales”; “la rectificación del concepto productivista dominante del economizar en la línea humanística y socialista […]”.

Igual me equivoco, pero pienso que cada premisa está, aquí y ahora, como se suele decir de “rabiosa” actualidad; y me parece que algunas de ellas no están siendo suficientemente debatidas y asumidas, tal vez por aquello de que lo urgente solapa lo importante.

Cada premisa la desarrolla el autor del artículo y a cada una añade otras que vienen a clarificar mejor el fondo del programa “rojo, verde y violeta”. Una de ellas, y que me interesa particularmente, es la referida a la “profundización de la democracia”, dado que sin resolver ésta poco o nada se puede hacer con las otras. Dice FFB: “Así pues, la primera tarea de un proyecto civilizatorio alternativo consistiría en una corrección de los excesos oligárquicos de esta democracia demediada que conocemos y en la que actualmente vivimos. Dos pasos implica tal corrección, ‘en el ámbito de la política’ y ‘en el ámbito educativo’". Así, con referencia al campo educativo, comenta que “no hay democracia digna de ese nombre sin participación en la gestión de la ciudadanía ilustrada”. ¿No hay en estos momentos, tanto en Europa como en España, una nula participación de las personas en la gestión de sus propios intereses ciudadanos? Decía el alumno y amigo de Manuel Sacristán, hace dieciséis años: “En la situación actual los socialmente desfavorecidos no tienen voz, sólo hallan eco sus problemas en las páginas de sucesos de los periódicos”. Pienso con el autor del artículo comentado que “no puede haber ciudadanía propiamente dicha sin enseñanza pública de calidad y sin una televisión ilustrada y culturalmente formativa”. Es decir, todo lo opuesto a lo que en este país está ocurriendo.

Francisco Fernández Buey nos ha dejado, y fue despedido un lunes 27 de agosto. El mismo día, en palabras de Salvador López Arnal, que falleció hace 27 años su maestro, amigo, compañero y camarada Manuel Sacristán.

Paco Fernández Buey, cuya única religión era la utopía, su cofradía, la de los comunistas, su Biblia, el método científico. Su catecismo… No, Fernández Buey no tenía catecismos. (J. C. Monedero). Que la tierra te sea leve.

28/8/2012

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