Andrés Bódalo, un héroe de la vida cotidiana

Manolo Monereo

Ustedes quizás no lo conozcan, yo sí; literalmente lo conozco desde que vestía pantalones cortos. Hoy ha sido detenido de nuevo por las, así llamadas, expropiaciones en los supermercados.

Andrés nació y vivió en Jódar (Jaén) gran parte de su vida. Ha estado vinculado siempre al movimiento jornalero andaluz y es el responsable del SAT en Jaén. Jódar, por si no lo conocen, es uno de esos pueblos andaluces marcados desde antes de la República por un movimiento obrero fuerte y combativo, una tradición de izquierdas insobornable y una militancia comunista que se ha mantenido viva a pesar de todas las derrotas. Andrés, desde muy joven, ha continuado en esta tradición; siempre ha sido dirigente popular y ha estado presente en todas las luchas. Su vida nunca fue fácil. A su condición de jornalero (un precario permanente) se ha unido su comprometida vinculación con un sindicato minoritario al que ha dedicado los mejores años de una vida todavía joven. Las características de Andrés son el compromiso con los principios de un ideario comunista siempre vivo, su valentía (ha estado siempre en vanguardia y ha sufrido la represión, algunas veces brutal, de las fuerzas del desorden establecido) y, por último, la coherencia entre el pensar y el hacer.

La otra palabra es el sacrificio. De dinero siempre ha andado mal, siempre ha vivido con mucha estrechez. Estas cosas hoy difícilmente se tienen en cuenta, pero el sacrificio no es solo suyo, es el de su familia, de su mujer y sus hijos. Tampoco esto es nuevo, siempre ha sido así en el movimiento jornalero, tanto en su versión anarquista como socialista o comunista.

¿Qué hace que una persona se juegue el futuro personal y de los suyos por la lucha social? Es simple y radical: tener principios, ser generoso y no perder nunca la ternura. ¿Qué son los principios? Es como la “utopía de Galeano”: nos ayudan a criticar la injusticia presente y nos dan criterios, sentido y norte para construir una sociedad democrática e igualitaria, una sociedad sin explotadores y explotados.

Pero Andrés es un hombre normal, compañero solidario, disponible siempre y alegre. Un optimismo vital que da razones para continuar en la lucha de cada día. Lo significativo, lo más duro es que estas tradiciones de lucha, estos enormes sacrificios de generaciones, hayan puesto a un hombre como Griñán de presidente de la Junta de Andalucía que nada tiene que ver ya con esta historia, ni siquiera con la Federación de Trabajadores de la Tierra de UGT ni del PSOE. Los mismos que hicieron, junto con los anarquistas y comunistas, una excelente reforma agraria en Jaén, mal conocida y menos valorada por los que hoy gobiernan con el nombre de socialistas.

Otra cosa: Diego Valderas es vicepresidente del gobierno andaluz. El “palacio” no lo es todo y el punto de vista de clase importa, máxime cuando uno lleva un carnet que habla de comunista. Andrés es “uno de los nuestros”, lo aprendió de su familia en la dura experiencia de la emigración y de la lucha social. Si el Partido Comunista fue importante en Andalucía, lo fue gracias a ellos. Diego, ¿cuántos hombres y mujeres han pasado por los cuartelillos de la Guardia Civil? ¿Cuántos de ellos han tenido que sufrir vejaciones, palizas y años de cárcel para que tú seas vicepresidente de la Junta de Andalucía?

Andrés está detenido, tiene varias condenas pendientes. Existe el riesgo de que las tenga que cumplir y pasar una larga temporada en la cárcel. Algunos no lo abandonaremos y estaremos con él y con su familia hasta el final. Tal como están los tiempos, habrá que crear de nuevo aquello que se llamaba el socorro rojo, porque sin la solidaridad con los nuestros no hay revolución posible ni democracia que lo aguante.

10/8/2012

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