Rumsfeld y Saddam se dan un apretón de manos

José A. Estévez Araújo

El periódico estadounidense New York Times informó en su edición del 23 de diciembre de 2003 que habían sido desclasificados unos documentos secretos relativos a las relaciones entre Estados Unidos e Irak durante los años ochenta. Esos documentos pueden obtenerse a través de la página web http://www.nsarchive.org/ y dos de ellos son informes de las entrevistas que Rumsfeld mantuvo con Saddam Hussein y con Tarek Aziz, en 1983 y 1984 respectivamente.

Para entender el significado del contenido de esos papeles es necesario recordar brevemente la secuencia de los acontecimientos de entonces.

Irak e Irán estaban en guerra. Lo estuvieron entre 1980 y 1988. En 1983, Irán denunció el uso de armas químicas por parte del ejército iraquí. Poco después, Estados Unidos constató que, efectivamente, se habían usado esas armas de "destrucción masiva" no sólo contra los iraquíes, sino también contra los kurdos. En ese contexto se produjo la primera visita de Rusmfeld a Irak.

Al año siguiente, concretamente el 5 de marzo de 1984, Estados Unidos condenó el uso de armas químicas por parte de Irak aunque hizo todos los esfuerzos posibles para evitar una decisión similar por parte de la ONU. En esas circunstancias tiene lugar la segunda visita de Rumsfeld.

En aquellos años, el actual Secretario de Defensa estadounidense era directivo de una empresa multinacional. No obstante, en diciembre de 1983 se entrevistó con Saddam Hussein en calidad de enviado presidencial y le entregó una carta del propio Ronald Reagan. En un vídeo al que es posible acceder a través de la página web citada puede verse el prolongado apretón de manos de Rumsfeld a Saddam, más elocuente que mil palabras.

En el informe que Rumsfeld hizo de esta entrevista ­y que es uno de los documentos desclasificados ahora­ se señala lo complacido que quedó Saddam con la carta y con la visita. Los asuntos que se trataron fueron el interés común de frenar la expansión de Irán, la urgencia de cortar el suministro de armas a ese país y, muy especialmente, la necesidad de asegurar el flujo del petróleo iraquí por medio de un nuevo oleoducto. En ningún momento de la entrevista se hizo mención alguna a las armas químicas, en contra de lo que recientemente declaró Rumsfeld a la CNN en el sentido de que advirtió muy seriamente a Saddam de que no siguiera utilizando ese tipo de armamento.

La segunda entrevista es con el ministro de asuntos exteriores Tarek Aziz y, de acuerdo con el texto del informe del propio Rumsfeld, uno de los objetivos principales de la misma habría sido tranquilizar al gobierno iraquí respecto a la reciente condena estadounidense por el uso de armas químicas. A los gobernantes iraquíes se les vino a decir que Estados Unidos tenía que adoptar esa postura de cara a la opinión pública, pero se les manifestó también que su principal interés residía en mejorar las relaciones con Irak y evitar una victoria iraní, para pasar después a hablar del suministro de petróleo.

Estos documentos ponen de manifiesto con claridad meridiana que Estados Unidos no realizó ningún tipo de presión efectiva para evitar el uso de "armas de destrucción masiva" en la guerra Irán-Irak y que siguió prestando su apoyo sin reservas al gobierno iraquí después de haberle condenado públicamente de manera formal.

Una nueva manifestación de la hipocresía de personajes como Rumsfeld, que resultará de gran utilidad para la defensa de otro personaje, Saddam, si se celebra un hipotético juicio contra él por sus comprobados genocidios.

1/2004

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